La palabra villancico procede de villano, término que en la Edad Media designaba al habitante de una villa. En su origen, el villancico era una composición breve, normalmente estrófica, que podía tratar asuntos amorosos, pastoriles, festivos, satíricos o religiosos.
La forma poética más característica presenta una estructura con:
- Estribillo o refrán, que reaparece varias veces.
- Coplas, que desarrollan el tema principal.
- Repetición musical y textual destinada a facilitar la participación colectiva.
El villancico no nació, por tanto, como sinónimo de canto navideño. Durante siglos, la palabra designó una forma poético-musical de amplio contenido. La identificación casi exclusiva con la Navidad tuvo lugar progresivamente, a medida que los compositores y las instituciones eclesiásticas emplearon este género para cantar los misterios del nacimiento de Jesucristo.
La relación entre música popular y religión no fue exclusiva de la península ibérica. En distintas regiones europeas surgieron canciones vernáculas para fiestas, procesiones, peregrinaciones y representaciones religiosas. En Francia, por ejemplo, los noëls navideños alcanzaron gran difusión y adoptaron melodías de carácter sencillo y pastoril.1


