Los villancicos se definen como canciones religiosas no litúrgicas, creadas para el culto divino público pero con un carácter más libre y subjetivo que los cantos oficiales de la Misa o las Horas. Según la tradición eclesial, pertenecen a la categoría de la música sacra popular, que incluye composiciones destinadas a la celebración del culto, dotadas de una «santa sinceridad de forma».1 Su propósito es glorificar a Dios y santificar a los fieles, uniéndolos en una expresión comunitaria de fe.3
El término «villancico» proviene del latín villanus (habitante del villorrio o aldea), refiriéndose inicialmente a cantos interpretados por gentes del pueblo en procesiones y fiestas religiosas. En el contexto católico, se asocian sobre todo a la Navidad, aunque históricamente abarcaron temas como la Virgen María, los santos o la Cuaresma. La Iglesia los ha distinguido de la música litúrgica propiamente dicha, como el canto gregoriano o la polifonía sacra, permitiendo su uso siempre que no introduzcan elementos profanos o estridentes.4
