El santuario como lugar de culto
La Iglesia reconoce la función cultual del santuario. Los fieles acuden a él principalmente para participar en celebraciones litúrgicas y en ejercicios piadosos que allí se desarrollan.
Al mismo tiempo, el magisterio insiste en un criterio esencial: el lugar santo no determina por sí mismo el «culto genuino» al Señor. El santuario orienta la vida espiritual, pero la adoración a Dios depende de una fe viva que se expresa con verdad en obras y en participación eclesial.
El peregrinaje como camino de oración
La peregrinación constituye una expresión universal de la piedad popular y mantiene una conexión estrecha con el santuario: el peregrino necesita el santuario y el santuario necesita al peregrino.
El itinerario devocional se entiende como «un camino de oración»: cada etapa alimenta la oración y la Palabra de Dios guía el peregrinaje como luz y sostén espiritual.
La guía litúrgica recomienda incluso un inicio ordenado del peregrinaje mediante una celebración de la Eucaristía, una parte de la Liturgia de las Horas, o una bendición propia para los peregrinos.
Las últimas etapas y la experiencia del encuentro
Cuando el santuario aparece «en vista», el peregrinaje intensifica su carácter orante: la guía invita a recorrer el tramo final a pie, de modo procesional, cantando, rezando y deteniéndose en lugares de oración que existan en el camino.
La permanencia en el santuario representa el momento más intenso: la Iglesia relaciona ese tiempo con el compromiso de conversión, ratificado por el sacramento de la reconciliación, y con expresiones devocionales como la acción de gracias, la súplica o la petición de intercesión, en consonancia con la identidad del santuario y con los objetivos del peregrinaje.
El culmen del peregrinaje se vincula a la celebración eucarística: la guía coloca la Eucaristía como momento central.
Por su parte, la conclusión del peregrinaje incluye un momento de oración en el mismo santuario o en la iglesia desde la que se partió, de modo que los fieles agradezcan el don del peregrinaje y pidan al Señor la gracia para vivir con mayor generosidad su vocación cristiana en sus hogares.
En la devoción a la Virgen de Chaguaya, estas orientaciones ofrecen un marco: la advocación mariana suele favorecer un estilo de encuentro con Dios a través de María, y la peregrinación educa la fe con una mezcla de oración personal, celebración eclesial y conversión del corazón.