Covadonga y los orígenes del reino astur
La tradición histórica vincula Covadonga con la rebelión encabezada por don Pelayo en el siglo VIII. Una antigua referencia de la historia eclesiástica de Oviedo atribuye a la ayuda de la Virgen la victoria de los cristianos sobre las fuerzas musulmanas dirigidas por Alkaman en el año 718.
La importancia de Covadonga no depende solo de la reconstrucción literal de todos los detalles de la batalla. El episodio adquirió con el paso de los siglos una poderosa dimensión simbólica: la montaña asturiana pasó a representar el comienzo de un proceso político y militar que la historiografía cristiana española denominó Reconquista.
La Reconquista fue un proceso prolongado, desigual y formado por campañas, alianzas, repoblaciones y transformaciones políticas desarrolladas durante varios siglos. Covadonga no equivale por sí sola a toda la Reconquista. Su significado consiste en haber sido convertida en lugar inaugural de la memoria cristiana del reino astur, especialmente por su asociación con don Pelayo y con la defensa de la fe frente a la ocupación musulmana. Juan Pablo II describió Asturias como el lugar donde comenzó la liberación del territorio frente a la ocupación árabe y donde la defensa de la tierra aparecía unida a la defensa de los valores cristianos.
Historia y simbolismo
Conviene distinguir entre el acontecimiento histórico y su interpretación posterior. La batalla de Covadonga pertenece a la historia altomedieval, pero su carga simbólica se desarrolló y consolidó a través de crónicas, tradiciones litúrgicas, peregrinaciones y discursos sobre la identidad española.
Durante siglos, Covadonga fue considerada una de las raíces espirituales de Asturias. Juan Pablo II la calificó como «cuna del cristianismo español» y como símbolo de la identidad nacional, formulaciones que expresan una interpretación eclesial y cultural del santuario.
Esa interpretación no convierte la advocación en un emblema exclusivamente político. La devoción católica dirige la veneración hacia María y, mediante ella, hacia Jesucristo. El papa insistió en que la Virgen conduce al conocimiento de su Hijo y que la auténtica devoción mariana desemboca en la vida sacramental, la conversión y la caridad.,
Desarrollo del culto
La devoción popular cuenta con raíces anteriores al siglo XX. Durante generaciones, los habitantes de Asturias y otros peregrinos acudieron a la cueva para orar ante la imagen, pedir favores, dar gracias y encomendar a los enfermos. Juan Pablo II recordó la continuidad de esas peregrinaciones y la presencia de personas enfermas que subían al santuario para agradecer gracias recibidas por intercesión de la Santina.
El culto también acompañó la vida cotidiana de las comunidades asturianas. La oración ante la Virgen comprendía a las familias, los niños, los ancianos, los trabajadores del campo y del mar, los mineros, los enfermos y los emigrantes. La oración pontificia pronunciada en Covadonga en 1989 recoge expresamente esta amplitud de la devoción.
El incendio de 1777 y la restauración
El antiguo edificio del santuario quedó destruido por un incendio el 17 de octubre de 1777. La comunidad de canónigos regulares de San Agustín había atravesado previamente dificultades económicas que habían dispersado a sus miembros por distintas parroquias. La reorganización de la comunidad recibió el apoyo de Felipe IV, que aumentó su dotación y promovió la construcción de dependencias junto al monasterio.
Carlos III proyectó una reconstrucción monumental de la capilla, aunque la obra no pasó de sus comienzos. En época posterior, el obispo Benito Sanz y Forés impulsó la restauración del santuario. Estas circunstancias muestran que Covadonga no conservó intacto un único edificio medieval, sino que su conjunto arquitectónico experimentó destrucciones, proyectos y reconstrucciones vinculados a la historia eclesial de Asturias.