La Virgen y el Niño
La representación tradicional muestra a la Virgen María sosteniendo al Niño Jesús. La presencia del Niño recuerda que María conduce siempre hacia Cristo y que la fiesta del 2 de febrero tiene como núcleo la presentación del Salvador en el templo.
El Niño manifiesta la identidad cristológica de la advocación: la luz no procede de María como fuente independiente, sino de Jesucristo, que es presentado por la Iglesia como luz para las naciones. Simeón reconoció en Jesús la salvación preparada por Dios para todos los pueblos.
La vela
La vela constituye el elemento más característico de la advocación. Representa a Cristo como luz que vence las tinieblas, orienta al creyente y revela la salvación. La bendición de las candelas y su procesión expresan esta interpretación litúrgica.,
La vela encendida no pretende atribuir poderes mágicos al objeto. Su sentido es sacramental y simbólico: recuerda una realidad espiritual y ayuda a profesar exteriormente la fe en Jesucristo. El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia pide que la candela conservada en los hogares sea entendida como signo de Cristo, luz del mundo.
El candelero
En determinadas representaciones, María aparece asociada a un candelero o a una candela. Este elemento desarrolla simbólicamente el papel de la Virgen como portadora de Cristo. San Juan Pablo II presentó a María como una especie de candelabro que lleva a Cristo, la luz del mundo.
El candelero no convierte a María en la fuente de la luz divina. Su significado consiste en mostrar que ella recibe, sostiene y ofrece al mundo a su Hijo. La imagen mantiene así una jerarquía teológica precisa: Cristo es la luz; María es la Madre que lo presenta y lo entrega.
Colores y atributos
Las imágenes de la Virgen de la Candelaria suelen incorporar elementos regios, como corona, manto y vestiduras ornamentadas, de acuerdo con la tradición de representar a María como Reina. La vela, la candela o el candelero recuerdan la fiesta litúrgica del 2 de febrero, mientras que el Niño identifica la imagen con la maternidad divina de María.
Los atributos pueden variar según la tradición local, la época y el estilo artístico. La iconografía no debe interpretarse de forma aislada, sino en relación con el Evangelio de la Presentación, la procesión de las candelas y la veneración de María como Madre de Cristo.