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Virgen de la Candelaria

La Virgen de la Candelaria es una advocación mariana vinculada especialmente a la isla de Tenerife y a la fiesta del 2 de febrero. Su devoción nació en torno a una imagen de la Virgen María con el Niño Jesús, tradicionalmente venerada en las islas Canarias, y quedó estrechamente relacionada con la luz, las velas y la presentación de Cristo en el templo. La advocación mariana no debe confundirse con la fiesta litúrgica de la Presentación del Señor, cuyo centro es Jesucristo.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreVirgen de la Candelaria
CategoríaTérmino
Nombre CompletoNuestra Señora de la Candelaria
DescripciónAdvocación mariana vinculada a Tenerife, centrada en la imagen de la Virgen con el Niño y la bendición de candelas. El nombre proviene de las candelas usadas; la vela simboliza a Cristo como luz que ilumina a las naciones
AtributosCorona, manto, vela o candelero, Niño Jesús en brazos.
Eventos RelacionadosProcesión de las candelas (2 febrero), peregrinaciones al Santuario de Candelaria
Fecha de Celebración2 de febrero
LugarIsla de Tenerife, Islas Canarias, España
OrigenDevoción surgió en Tenerife alrededor de una imagen venerada por los guanches antes de la conquista española.
Personas relacionadasAlonso de Espinosa (recopiló la historia en 1594)
TipoAdvocación mariana

Tabla de contenido

Nombre y significado

El nombre Candelaria procede de la relación de esta advocación con las candelas o velas utilizadas en la celebración del 2 de febrero. La luz de la vela representa a Cristo, «luz para iluminar a las naciones», en referencia al cántico de Simeón durante la presentación de Jesús en el templo.1,2

En otros contextos lingüísticos existen denominaciones equivalentes, como Nuestra Señora de la Candelaria o Virgen de Candelaria. En español, la forma tradicional y más extendida es Virgen de la Candelaria, mientras que el nombre completo de la advocación puede expresarse como Nuestra Señora de la Candelaria.

La advocación pertenece a la veneración católica de la Virgen María. No constituye una persona distinta de la Madre de Jesús, sino un título mariano relacionado con una imagen, un santuario, una tradición local o una forma particular de culto y piedad popular.

Relación con la Presentación del Señor

La fiesta del 2 de febrero

La Iglesia celebra el 2 de febrero la Fiesta de la Presentación del Señor. El Evangelio de san Lucas narra que María y José llevaron a Jesús al templo de Jerusalén, conforme a la Ley de Moisés. Allí, el anciano Simeón reconoció al Niño como el Salvador esperado, mientras que la profetisa Ana dio testimonio de él.3

La celebración tiene lugar cuarenta días después de Navidad. En la tradición occidental recibió durante siglos el nombre de Purificación de la Bienaventurada Virgen María, porque el rito litúrgico recordaba también la purificación de María conforme a la Ley mosaica. Desde 1969, el título litúrgico principal es Presentación del Señor, que expresa con mayor claridad el centro cristológico de la celebración.1

La fiesta posee, por tanto, una doble dimensión: recuerda la presentación de Jesucristo al Padre y honra la colaboración obediente de María en ese acontecimiento. El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia la describe como una memoria conjunta del Hijo y de la Madre, sin permitir que la dimensión mariana eclipse el protagonismo de Cristo.2

La procesión de las candelas

La liturgia del 2 de febrero incluye tradicionalmente la bendición y procesión de las velas. Los fieles llevan las candelas encendidas como signo de Cristo, luz del mundo, y como expresión pública de la fe.1,2

La procesión evoca la entrada de Jesús en el templo y su encuentro con Simeón y Ana. La tradición litúrgica de esta celebración posee un origen antiguo en Oriente y llegó posteriormente a Occidente. En Jerusalén existía ya durante el siglo IV una celebración del cuadragésimo día después de la Navidad o de la Epifanía, acompañada de procesión, homilía y celebración eucarística.4

En Roma, el papa Sergio I introdujo una procesión para esta jornada entre los siglos VII y VIII. Con el tiempo, la procesión quedó vinculada a la bendición de las velas, de donde procede el nombre popular de Candelaria.4

Origen de la advocación en Tenerife

La imagen venerada por los guanches

La devoción canaria gira en torno a una imagen de la Virgen con el Niño que, según la tradición histórica conservada desde la época de la conquista, ya era conocida por los guanches de Tenerife antes de su conversión al cristianismo. Posteriormente, los conquistadores españoles también la veneraron.5

El dominico Alonso de Espinosa recogió en el siglo XVI la historia de la imagen y de sus milagros. Su obra, publicada en Sevilla en 1594, dedicó una parte importante a narrar la aparición de la imagen en la costa oriental de Tenerife, su veneración por los habitantes de la isla y el desarrollo posterior de su culto.5

La tradición vincula la aparición de la imagen con la zona de Chimisay, en el actual municipio de Güímar. Los relatos antiguos presentan a los guanches como los primeros testigos de la imagen y describen la progresiva identificación cristiana de aquella figura mariana. La devoción adquirió después una dimensión plenamente católica con la evangelización y la organización eclesial de Tenerife.

El santuario de Candelaria

La localidad de Candelaria, en la costa oriental de Tenerife, se convirtió en el principal centro de peregrinación de esta advocación. La imagen recibió culto en distintos lugares antes de quedar vinculada al santuario y a la basílica dedicados a la Virgen.

La devoción de Candelaria forma parte de la historia religiosa de las islas Canarias y ocupa un lugar singular en la identidad católica del archipiélago. La tradición antigua también relacionó la imagen con la población guanche, cuya memoria histórica quedó parcialmente conservada en los escritos de Alonso de Espinosa.5

Iconografía

La Virgen y el Niño

La representación tradicional muestra a la Virgen María sosteniendo al Niño Jesús. La presencia del Niño recuerda que María conduce siempre hacia Cristo y que la fiesta del 2 de febrero tiene como núcleo la presentación del Salvador en el templo.

El Niño manifiesta la identidad cristológica de la advocación: la luz no procede de María como fuente independiente, sino de Jesucristo, que es presentado por la Iglesia como luz para las naciones. Simeón reconoció en Jesús la salvación preparada por Dios para todos los pueblos.6

La vela

La vela constituye el elemento más característico de la advocación. Representa a Cristo como luz que vence las tinieblas, orienta al creyente y revela la salvación. La bendición de las candelas y su procesión expresan esta interpretación litúrgica.1,2

La vela encendida no pretende atribuir poderes mágicos al objeto. Su sentido es sacramental y simbólico: recuerda una realidad espiritual y ayuda a profesar exteriormente la fe en Jesucristo. El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia pide que la candela conservada en los hogares sea entendida como signo de Cristo, luz del mundo.2

El candelero

En determinadas representaciones, María aparece asociada a un candelero o a una candela. Este elemento desarrolla simbólicamente el papel de la Virgen como portadora de Cristo. San Juan Pablo II presentó a María como una especie de candelabro que lleva a Cristo, la luz del mundo.7

El candelero no convierte a María en la fuente de la luz divina. Su significado consiste en mostrar que ella recibe, sostiene y ofrece al mundo a su Hijo. La imagen mantiene así una jerarquía teológica precisa: Cristo es la luz; María es la Madre que lo presenta y lo entrega.

Colores y atributos

Las imágenes de la Virgen de la Candelaria suelen incorporar elementos regios, como corona, manto y vestiduras ornamentadas, de acuerdo con la tradición de representar a María como Reina. La vela, la candela o el candelero recuerdan la fiesta litúrgica del 2 de febrero, mientras que el Niño identifica la imagen con la maternidad divina de María.

Los atributos pueden variar según la tradición local, la época y el estilo artístico. La iconografía no debe interpretarse de forma aislada, sino en relación con el Evangelio de la Presentación, la procesión de las candelas y la veneración de María como Madre de Cristo.

Teología de la advocación

Cristo, centro de la celebración

La Virgen de la Candelaria remite directamente al misterio de Cristo presentado en el templo. La luz constituye una imagen de la salvación mesiánica anunciada por Simeón: Jesús es la revelación destinada a todos los pueblos.6

La piedad mariana auténtica conserva esta orientación cristológica. La devoción a la Virgen no sustituye la adoración debida solo a Dios, sino que honra a María por su relación única con Jesucristo y por su cooperación en la obra de la salvación.

María como mujer obediente y humilde

El Evangelio presenta a María cumpliendo las prescripciones religiosas de su pueblo y llevando a su Hijo al templo. La tradición litúrgica occidental contempló este gesto como una manifestación de humildad y obediencia.1

La interpretación católica no considera que María necesitara purificación moral por haber concebido a Jesús. La referencia a la purificación pertenece al marco legal de Israel y expresa la obediencia de la Sagrada Familia a la Ley. El gesto de María adquiere así un valor espiritual: la Madre participa humildemente en el cumplimiento de la voluntad divina.

La profecía de Simeón

Simeón anunció que Jesús sería signo de contradicción y dirigió a María la profecía de la espada que atravesaría su alma. La liturgia relaciona desde el comienzo de la vida de Jesús la Presentación en el templo con el misterio de la cruz.6

La Virgen de la Candelaria no representa solo una imagen luminosa y festiva. También recuerda el camino de sufrimiento y fidelidad que María recorrió junto a su Hijo. La luz de Cristo incluye el misterio pascual: la gloria de la resurrección pasa por la entrega de la cruz.

La advocación en las islas Canarias

La Virgen de la Candelaria ocupa un lugar destacado en la religiosidad de Tenerife y, por extensión, en la tradición católica de Canarias. La imagen vinculada a la isla fue venerada por los guanches y posteriormente por los cristianos llegados con la conquista.5

Alonso de Espinosa dedicó su obra a la historia de la imagen, a la población guanche, a la conquista de Tenerife y a los milagros atribuidos a la intercesión de la Virgen. Su testimonio constituye una de las primeras narraciones amplias sobre el origen y la evolución del culto.5

La devoción canaria integra varios elementos: la memoria de los primeros habitantes de Tenerife, la evangelización, la celebración litúrgica del 2 de febrero y la veneración mariana centrada en una imagen concreta. Esta combinación explica la fuerza histórica y cultural de la advocación.

Diferencia entre advocación y fiesta litúrgica

La Virgen de la Candelaria es una advocación mariana. La Presentación del Señor es una fiesta litúrgica centrada en Jesucristo. Ambas realidades están profundamente relacionadas, pero no son idénticas.

La advocación dirige la atención hacia María como Madre que presenta a su Hijo. La fiesta litúrgica celebra la entrada de Cristo en el templo, su reconocimiento por Simeón y Ana y su manifestación como luz para las naciones. La piedad popular debe conservar esta prioridad cristológica y evitar que la devoción mariana transforme la fiesta del Señor en una celebración exclusivamente dedicada a María.2

Por esta razón, la vela, la procesión y la imagen de la Candelaria alcanzan su significado pleno cuando remiten a Jesús. María aparece como la mujer que recibe la luz, la lleva en sus brazos y la ofrece al mundo.

Legado espiritual

La Virgen de la Candelaria reúne tres grandes temas de la fe católica: la maternidad de María, la presentación de Cristo al Padre y la luz de la salvación. La imagen enseña que María permanece inseparablemente unida a su Hijo y que toda auténtica devoción mariana conduce a él.

La candela encendida resume este mensaje. Su llama recuerda que Cristo ilumina la existencia humana, que la fe exige testimonio y que la Iglesia está llamada a llevar la luz del Evangelio a todos los pueblos. La Virgen de la Candelaria representa, así, a María como Madre que presenta al mundo a Jesucristo, verdadera luz de las naciones.

Citas y referencias

  1. Parte segunda: Directrices para la armonización de la piedad popular con la liturgia - Capítulo IV: El año litúrgico y la piedad popular - Tiempo de Navidad - La fiesta de la presentación de nuestro Señor, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia: Principios y directrices, 120 (2002). 2 3 4 5 6
  2. Parte segunda: Directrices para la armonización de la piedad popular con la liturgia - Capítulo IV: El año litúrgico y la piedad popular - Tiempo de Navidad - La fiesta de la presentación de nuestro Señor, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia: Principios y directrices, 123 (2002). 2 3 4 5 6 7
  3. Fiesta de la presentación del Señor - Día de la vida consagrada, Papa Benedicto XVI. 2 de febrero de 2006, Fiesta de la Presentación del Señor - Día de la Vida Consagrada, 1 (2006).
  4. Candelaria, Enciclopedia Católica, Candelaria (1913). 2
  5. Alonso de Espinosa, Enciclopedia Católica, Alonso de Espinosa (1913). 2 3 4 5
  6. Papa Juan Pablo II. 2 de febrero de 1997, Fiesta de la Presentación del Señor, 4 (1997). 2 3
  7. Papa Juan Pablo II. VII Día Mundial de la Vida Consagrada, 3 (2003).
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