Base bíblica y doctrinal
El título Virgen de la Encarnación se fundamenta en la Encarnación del Verbo, cuando el Espíritu Santo actúa en María para engendrar a Jesús, el Hijo de Dios (cf. Lc 1:31‑35). El Concilio Vaticano II reconoce a María como Madre del Verbo encarnado y destaca su «fiat» como el punto de partida del plan de salvación1.
Pío VI, en la constitución dogmática Lumen Gentium, subraya que la Madre de Dios «con su “sí” libre y obediente, abrió la puerta de la vida humana al Verbo»2. En Marialis Cultus se afirma que María, «por la acción del Espíritu Santo, se convierte en Madre del Verbo Incarnado”3, lo que justifica el uso de títulos que remiten directamente al misterio de la Encarnación.
Desarrollo histórico del título
El uso del título Virgen de la Encarnación surge en la tradición popular como una forma de honrar a María bajo la luz del Anunciación (25 marzo), que la Iglesia celebra como la solemnidad de la Encarnación del Señor y, simultáneamente, la conmemoración de la libre aceptación de María4. Desde la época colonial, los misioneros españoles introdujeron esta devoción en América Latina, donde se fusionó con expresiones locales de fe, dando lugar a numerosas imágenes y santuarios dedicados a la Virgen de la Encarnación.

