La enciclopedia católica en español

Virgen de la Nube

La Virgen de la Nube, invocada también como Nuestra Señora de la Nube, es una advocación mariana de Ecuador que nació de la visión colectiva de unas quinientas personas el 30 de diciembre de 1696 en Quito. Mientras el pueblo rezaba el Rosario en una procesión de rogativa por la salud del obispo Sancho de Andrade y Figueroa, los fieles contemplaron en el cielo la figura de María sobre una nube, con el Niño Jesús en el brazo izquierdo y un ramo de azucenas en la mano derecha. El prelado, desahuciado, recobró la salud, y la autoridad eclesiástica permitió el culto. La devoción echó raíces en Azogues, donde los franciscanos custodian el santuario que alberga la talla venerada, coronada canónicamente en 1967, y llegó hasta Lima, donde un lienzo suyo acompaña al Señor de los Milagros. Hoy la Virgen de la Nube es patrona de Azogues, protectora de las familias y de los migrantes, y su fiesta del 1 de enero reúne a miles de peregrinos.

Virgen de la Nube20070001
Ver información de la imagenNuestra Señora de la Nube - Procesión del Señor de los Milagros, Lima-Perú, c. 2007. Original, 12C HSMN, CC BY-SA 3.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreVirgen de la Nube
CategoríaTérmino
Nombre CompletoNuestra Señora de la Nube
DescripciónMaría sobre una nube con el Niño Jesús y un ramo de azucenas
AtributosNube, corona, azucena, Niño Jesús, luna, olivo
CiudadQuito
EsculsorDaniel Alvarado
Fecha30 de diciembre de 1696
Fecha de Celebración1 de enero
Fecha de Coronación1 de enero de 1967
Festividad1 de enero
HistoriaAparición colectiva ante unas quinientas personas en Quito el 30 de diciembre de 1696 durante una procesión de rogativa por la salud del obispo Sancho de Andrade y Figueroa.
ImportanciaPatrona de Azogues, protectora de las familias y de los migrantes
LugarQuito
PaísEcuador
Personas RelacionadasSancho de Andrade y Figueroa, Daniel Alvarado, Julio María Matovelle, Pablo VI
SantuarioSantuario franciscano de Azogues
TipoAdvocación mariana

Tabla de contenido

Nombre y significado de la advocación

El título de Virgen de la Nube procede del modo en que los testigos la contemplaron: una figura de María de pie sobre una nube, que le sirve de trono y de pedestal. La advocación no designa un lugar geográfico, como ocurre con otras invocaciones marianas, sino la imagen celeste que los fieles vieron en el cielo de Quito.1

La nube es un símbolo cargado de sentido bíblico. En la Escritura, la nube manifiesta la presencia de Dios que guía, protege y habla a su pueblo; la tradición cristiana la aplicó a María, en cuyo seno el Altísimo habitó. Por eso la advocación une una experiencia histórica concreta con una de las imágenes más antiguas de la revelación.2,3

Contexto histórico: Quito a finales del siglo XVII

Quito pertenecía entonces a la monarquía hispánica y funcionaba como sede de la Real Audiencia. La ciudad vivía una intensa religiosidad mariana, expresada en procesiones, novenas, cofradías y rogativas públicas. Una de las devociones más queridas era la de Nuestra Señora de Guápulo, cuya imagen recibía culto en el caserío de Guápulo, en las afueras de la ciudad. Los vecinos recurrían a ella en las grandes necesidades de la comunidad.4

En 1696 gobernaba la diócesis Sancho de Andrade y Figueroa, obispo de Quito, que a finales de ese año cayó gravemente enfermo. Los médicos lo daban por perdido, y el pueblo, que lo estimaba como pastor, decidió acudir a la intercesión de la Madre de Dios.1,4

La aparición del 30 de diciembre de 1696

La rogativa por el obispo

Los devotos de Guápulo organizaron una novena por la salud del prelado. El 30 de diciembre llevaron en procesión la imagen de Nuestra Señora de Guápulo hasta la catedral de Quito. Era una procesión de rogativa del Rosario, en la que participaron unas 500 personas, entre ellas el presidente de la Real Audiencia, magistrados, clero y pueblo llano.1,5

La visión

Hacia las cuatro y tres cuartos de la tarde, la comitiva llegó al final del pretil de la iglesia de San Francisco, en el momento en que los fieles terminaban la segunda decena del Rosario. El presbítero José de Ulloa y la Cadena, capellán del monasterio de la Limpia Concepción, alzó la mirada y exclamó: «¡La Virgen, la Virgen!».1,4

Sobre el caserío de Guápulo apareció en el cielo una figura formada por nubes, de gran tamaño y blancura resplandeciente. Representaba a María con el Niño Jesús, y la visión permaneció el tiempo suficiente para que los presentes la contemplaran con detalle mientras continuaban rezando. No todos la distinguieron: el historiador jesuita Rubén Vargas Ugarte recoge que algunos asistentes no lograron verla.1,5

La curación y el acta

El obispo Andrade y Figueroa recobró la salud de forma repentina e inesperada. Agradecido, autorizó el culto a Nuestra Señora de la Nube y mandó erigir un altar en su honor. Vivió todavía algunos años y murió en mayo de 1702.1

Tras la procesión, el presidente de la Audiencia y otros testigos cualificados firmaron un acta que recogía lo sucedido. El Archivo Arzobispal de Quito conserva el proceso, con sus informaciones. Desde entonces, la autoridad eclesiástica consintió el culto a la imagen y la ciudad celebró fiestas solemnes y encargó cuadros conmemorativos del prodigio.1,5

Valoración eclesial

La visión de Quito pertenece al ámbito de las llamadas revelaciones privadas. El Catecismo enseña que estas manifestaciones no pertenecen al depósito de la fe: no completan la Revelación definitiva de Cristo, sino que ayudan a vivirla con mayor plenitud en una época determinada. Los fieles pueden acogerlas con libertad cuando la Iglesia las reconoce como conformes con el Evangelio.6

En el caso de la Virgen de la Nube, la Iglesia local permitió el culto, que perdura desde hace más de tres siglos, sin que ello suponga una declaración solemne de autenticidad sobrenatural. Las normas vigentes del Dicasterio para la Doctrina de la Fe ya no contemplan que la Iglesia declare el carácter sobrenatural de estos fenómenos: reconocen el valor pastoral de una devoción y sus frutos espirituales. La devoción a la Virgen de la Nube destaca precisamente por ellos: oración, confesión, caridad y unión de las familias.7

Iconografía de la Virgen de la Nube

La imagen tradicional presenta a María como Reina. Los elementos que la componen forman un pequeño tratado visual de teología mariana:

  • La nube: más oscura y densa bajo sus pies, hace de trono y de pedestal, y un velo de nube cae sobre su cabello y su espalda.
  • La corona: proclama su dignidad de Reina y Madre del Rey.
  • La azucena: sostenida en la mano derecha a modo de cetro, simboliza la pureza de la Virgen y, según la tradición, su coraza frente al mal.
  • El Niño Jesús: lo sostiene con el brazo izquierdo y ella inclina la cabeza hacia él; en muchas representaciones, el Niño lleva el mundo en las manos.
  • La luna: forma parte del pedestal y evoca el triunfo de María sobre el mal.
  • El olivo: la tradición lo interpreta como su fruto y como signo de su vínculo con Israel.4,8

Algunos testigos de 1696 aseguraron que a los pies de la figura distinguieron otra forma de nube que parecía un sacerdote orante. El lienzo conmemorativo de Lima recoge esta idea: representa al obispo Andrade y Figueroa orando ante la Virgen, con una pequeña iglesia al fondo que algunos identifican con la de Guápulo y otros con el templo de las Nazarenas. Nadie conoce el nombre del autor del lienzo original.5,8

La nube en la Sagrada Escritura y en la devoción mariana

La Biblia usa la nube como signo de la presencia de Dios. Una columna de nube guiaba a Israel por el desierto; la nube cubrió la Tienda del Encuentro y llenó el templo de Salomón cuando la gloria del Señor tomó posesión de su casa. El salmista recuerda que el Señor hablaba a su pueblo desde la columna de nube.3

El Nuevo Testamento culmina esa simbología en María. El ángel anuncia a la Virgen que «el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra»: el mismo Espíritu que en la Antigua Alianza llenaba el santuario con su nube desciende sobre ella y la convierte en morada viva de Dios. El Catecismo enseña que la nube y la luz son símbolos del Espíritu Santo, el mismo que cubrió con su sombra a la Virgen para que concibiera y diera a luz a Jesús. La nube vuelve a aparecer en la Transfiguración, donde la voz del Padre señala al Hijo amado, y en la Ascensión, donde oculta a Cristo de los ojos de los apóstoles.9,3

La carta pastoral que el arzobispo de Quito dirigió a sus fieles con motivo del segundo centenario del suceso desarrolla esta lectura. Recuerda que san Buenaventura presenta a María como la columna de nube que protege al pueblo, aplica al caso de Quito el versículo del salmo en que Dios responde desde la nube a quienes lo invocan, y presenta a la Virgen como trono de la sabiduría divina y a su Hijo como fuente de gracias para la nación.5

Fundamento doctrinal del culto

La Iglesia honra a María con un culto singular, distinto de la adoración que solo corresponde a Dios. El Concilio Vaticano II enseña que la Virgen es venerada con razón con un culto especial y exhorta a los fieles a fomentar las prácticas de piedad hacia ella recomendadas por el magisterio. El Catecismo recuerda que esta devoción brota de la profecía del Magnificat: «todas las generaciones me llamarán bienaventurada».10,11

La visión de 1696 se vivió dentro de una oración muy concreta, el Santo Rosario. La carta pastoral de 1896 vinculó el prodigio con esta devoción y se apoyó en la encíclica de León XIII del 8 de septiembre de 1894 sobre el Rosario. Juan Pablo II confirmó más tarde que el Rosario permite contemplar los misterios de Cristo con los ojos y el corazón de María. La Virgen de la Nube enseña así que la intercesión materna de María acompaña a quienes rezan juntos y confían en su Hijo.5,12,13

Difusión de la devoción

Quito y Guápulo

La carta pastoral de 1896 quiso renovar la memoria del suceso en su segundo centenario. Preveía un triduo en la catedral del 27 al 29 de diciembre, misa solemne y comunión general el día 30 con indulgencia plenaria para quienes se confesaran, comulgaran y visitaran la iglesia, y el rezo del Rosario con exposición del Santísimo en las parroquias esa misma tarde. El arzobispo deseaba que la iglesia parroquial de Guápulo volviera a ser centro de peregrinaciones y proponía pedir a la Santa Sede un oficio y una misa propios.5

Lima y el Señor de los Milagros

La devoción llegó a Perú gracias a las religiosas ecuatorianas del monasterio de las Madres Nazarenas de Lima. La priora, Madre Bárbara Josefa de la Santísima Trinidad, y su comunidad decidieron honrar la tierra natal de la fundadora del Instituto Nazareno, la Madre Antonia Lucía del Espíritu Santo, nacida en Ecuador, y colocaron un lienzo de la Virgen de la Nube en el reverso de las andas del Señor de los Milagros.14,8

El cronista Eusebio de Llano Zapata recoge la primera mención conocida de esta imagen en su relato de la procesión del 20 de octubre de 1747, apenas un año después del terremoto y del maremoto que arrasaron Lima y el Callao. Desde entonces, la Virgen de la Nube acompaña al Cristo Moreno en sus recorridos de octubre. La iglesia de las Nazarenas la recuerda con un triduo los días 29, 30 y 31 de ese mes, y algunas iglesias de Perú celebran su fiesta el 30 de diciembre, aniversario de la aparición. Un sacerdote experto en la devoción advierte que la imagen no es «la milagrosa»: el milagro lo obra Dios, y los fieles piden gracias por la intercesión de la Virgen.14,8

Azogues, corazón de la devoción

Azogues, capital de la provincia del Cañar, se convirtió en el centro principal del culto. El sacerdote cuencano Julio María Matovelle, fundador de la Congregación de Oblatos de los Sagrados Corazones, propuso erigir una ermita en una colina de la ciudad y confiarla a los franciscanos. Un donante regaló un cuadro que representaba la aparición, y el escultor cuencano Daniel Alvarado talló la imagen de la Virgen entre 1896 y 1899, a partir del mismo año del segundo centenario del suceso. Alvarado realizó cuatro imágenes: una preside el santuario de Azogues, dos reciben culto en Cuenca y otra en Quito.15,16

Los franciscanos llegaron a Azogues a comienzos del siglo XX para fortalecer la devoción, y las obras del convento y del santuario comenzaron el 21 de febrero de 1912. La construcción se prolongó durante décadas y dependió de mingas, es decir, de jornadas de trabajo comunitario en las que participaron centenares de vecinos, con piedra extraída del cercano cerro Abuga. El altar mayor, de madera tallada recubierta de pan de oro, acoge la imagen.15,17

El 24 de octubre de 1965, los franciscanos obtuvieron, por mediación de monseñor Manuel de Jesús Serrano Abad, arzobispo de Cuenca, un decreto del papa Pablo VI a favor de la Virgen de la Nube. El 1 de enero de 1967 la imagen recibió la coronación canónica, y desde entonces la fiesta principal tiene lugar cada año en ese día.15,17

La Virgen de la Nube es patrona religiosa de Azogues, ciudad que muchos llaman ciudad mariana. Sus devotos le atribuyen sanaciones, la fortaleza para mantener unidas a las familias y la protección de quienes emprenden el camino de la migración. Muchas familias tienen su imagen en casa y los ancianos le preparan altares con flores y velas.16

El monumento del cerro Abuga

A unos cinco kilómetros del centro de Azogues, en la cima del cerro Abuga, a unos 3090 metros de altitud, domina el paisaje el monumento a la Virgen de la Nube. En 2004, el fraile franciscano Manuel García propuso levantarlo; desde 2007, una fundación creada para este fin se encargó de la obra. El obispo de Azogues, monseñor Carlos Aníbal Altamirano Argüello, lo inauguró en octubre de 2009.18

La escultura, de planchas de aluminio, mide 30 metros con su base de cinco, y reproduce los atributos de la imagen tradicional: corona, cetro de azucenas y Niño Jesús. Los franciscanos custodian el lugar, que forma parte del santuario y acoge el Vía Crucis de Semana Santa y las celebraciones del mes de mayo y de los días en torno al 1 de enero.18

La diáspora ecuatoriana

La emigración ecuatoriana llevó la devoción fuera de sus fronteras. Desde 1993, la catedral de San Patricio de Nueva York acoge cada año una misa de Nuestra Señora de la Nube, que en diciembre de 2024 reunió a unas 1800 personas, muchas de ascendencia ecuatoriana, entre ellas fieles de las parroquias de Peekskill y Wappingers Falls. Aquel año la presidió un sacerdote enviado desde Azogues, director espiritual de la Asociación de Coros de la Virgen de la Nube.19

Fiestas y tradiciones

La fiesta del 1 de enero en Azogues

El primer día del año, Azogues y buena parte de la provincia del Cañar se paralizan. Llegan peregrinos de Azuay, Chimborazo, Guayas y otras provincias, y la jornada marca el inicio de la peregrinación anual. El programa habitual incluye:

  • Misas desde las cinco de la mañana en el santuario franciscano, con confesiones multitudinarias atendidas por franciscanos y otros religiosos.
  • Una misa campal hacia las diez de la mañana, en los patios de la Unidad Educativa San Diego de Alcalá, a los pies del santuario.
  • Una procesión hacia el mediodía, en la que caballeros y damas de la Virgen llevan la imagen sobre los hombros.
  • Calles adornadas con globos, serpentinas y réplicas de la Virgen en balcones y puertas.
  • Cantos devocionales de los coros formados por miembros de la comunidad.16,20

La imagen sale en andas decoradas con miles de rosas y vestida con un manto que donan y confeccionan los fieles. Los devotos participan para agradecer favores recibidos o pedir otros. El obispo, los sacerdotes y la comunidad franciscana presiden la celebración. En la edición de 2024, el obispo aprovechó la ocasión para pedir el fin de las guerras en el mundo y de la violencia en el país.16,20

Otras celebraciones

Los franciscanos celebran además la fiesta de la Virgen en mayo, mes de María, con procesión y peregrinaciones. En Quito, el 30 de diciembre sigue siendo la fecha de la memoria de la aparición, y en Lima la Virgen de la Nube participa cada octubre en la procesión del Señor de los Milagros.14,17

Significado espiritual

La Virgen de la Nube resume varias verdades de la fe cristiana. En primer lugar, María intercede: su maternidad en el orden de la gracia continúa sin interrupción hasta la consumación de todos los elegidos, y por eso los fieles la invocan en la enfermedad y en las necesidades del pueblo.10,11

En segundo lugar, la imagen muestra a María siempre orientada hacia su Hijo: inclina la cabeza hacia el Niño y lo ofrece al mundo, de acuerdo con la misión que el Evangelio le atribuye. La devoción mariana auténtica conduce a Cristo y no se detiene en la figura de la Madre.11

Por último, la historia del 30 de diciembre de 1696 subraya el valor de la oración comunitaria. Un pueblo que reza el Rosario por su pastor enfermo recibe un signo de consuelo y una gracia de sanación. Esa lección, que los siglos no han desgastado, explica que miles de personas sigan acudiendo cada año a la Virgen de la Nube con la misma confianza.

Cronología

  • 30 De diciembre de 1696: aparición de la Virgen sobre una nube en Quito, durante la rogativa por el obispo Sancho de Andrade y Figueroa.
  • Mayo de 1702: muerte del obispo Andrade y Figueroa.
  • 1747: Primera mención del lienzo de la Virgen de la Nube en las andas del Señor de los Milagros de Lima.
  • 1896: Carta pastoral del arzobispo de Quito en el segundo centenario de la aparición.
  • 1896-1899: Daniel Alvarado talla la imagen venerada en Azogues.
  • 21 De febrero de 1912: comienzo de las obras del convento y del santuario franciscano de Azogues.
  • 24 De octubre de 1965: decreto de Pablo VI obtenido por los franciscanos.
  • 1 De enero de 1967: coronación canónica de la imagen.
  • 1993: Primera misa de la comunidad ecuatoriana en la catedral de San Patricio de Nueva York.
  • Octubre de 2009: inauguración del monumento del cerro Abuga.

Citas y referencias

  1. Un día como hoy la Virgen de la Nube se apareció en Ecuador. ACI Prensa, Virgen de la Nube. 2 3 4 5 6 7
  2. Éxodo 13,21-22; 40,34-38; 1 Reyes 8,10-11. Sagrada Biblia.
  3. Salmo 99,7; Lucas 1,35; Lucas 9,34-35; Hechos 1,9. Sagrada Biblia. 2 3
  4. Nuestra Señora de la Nube. Catholic.net, Nuestra Señora de la Nube. 2 3 4
  5. Pedro Rafael González Calisto. Carta pastoral del arzobispo de Quito con motivo del segundo centenario de la aparición de Nuestra Señora de la Nube, 5 de diciembre de 1896 (1896). 2 3 4 5 6 7
  6. Catecismo de la Iglesia Católica, 66-67 (1992).
  7. Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Normas para proceder en el discernimiento de presuntos fenómenos sobrenaturales, 1-2 (2024).
  8. Sobre la imagen de la Virgen de la Nube. ACI Prensa, Virgen de la Nube. 2 3 4
  9. Catecismo de la Iglesia Católica, 697 (1992).
  10. Catecismo de la Iglesia Católica, 969, 971 (1992). 2
  11. Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Lumen gentium, 62, 66-67 (1964). 2 3
  12. León XIII. Carta encíclica Iucunda semper expectatione, 8 de septiembre de 1894 (1894).
  13. Juan Pablo II. Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, 10-11 (2002).
  14. Señor de los Milagros 2025: ¿quién es la Virgen de la Nube que va con él en la procesión? ACI Prensa, Virgen de la Nube (2025). 2 3
  15. La Virgen de la Nube: tradición y fe que perduran en el tiempo. El Mercurio (Cuenca), Virgen de la Nube. 2 3
  16. La fe que une a Azogues cada primer día de enero. El Mercurio (Cuenca), Virgen de la Nube. 2 3 4
  17. Santuario de la Virgen de la Nube. Urbipedia, Santuario de la Virgen de la Nube. 2 3
  18. Monumento a la Virgen de la Nube. Wikipedia, Virgen de la Nube. 2
  19. Misa de Nuestra Señora de la Nube en la catedral de San Patricio de Nueva York. The Good Newsroom, Virgen de la Nube (2024).
  20. Fieles «cobijan» procesión de la Virgen de la Nube. El Mercurio (Cuenca), Virgen de la Nube. 2
Modificado el 12 de octubre de 2026 • FideScore™ 9.96 • 74 visitas • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/x135gjb72

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →