Primeras manifestaciones
El culto a la Virgen de los Dolores se consolidó en la Edad Media, cuando la Iglesia comenzó a reconocer formalmente los sufrimientos de María como una participación única en la redención. Los primeros registros litúrgicos aparecen en el siglo XV, y la devoción se extendió rápidamente por Europa, particularmente en Italia y España, bajo la influencia de la Orden de los Servitas, que promovió la celebración de los siete dolores1.
Desarrollo oficial
El Papa Pío VII extendió la fiesta al calendario universal el 18 de septiembre de 1814, otorgándole el rango de doble de la segunda clase; más tarde, en 1908, la elevó a doble de la segunda clase nuevamente, y la orden Servita la celebró como doble de primera clase con octava y vigilia2. En 1974, el documento Marialis Cultus reafirmó la importancia litúrgica de la Virgen de los Dolores, señalando su vínculo con la crucifixión y la redención3.

