Contexto bíblico y patrístico
La aparición de los Reyes Magos en el Evangelio de Mateo (Mt 2,1‑12) constituye la base bíblica de la devoción. Los magos, guiados por una estrella, llegan a Belén para adorar al Rey de los judíos y le entregan oro, incienso y mirra. La presencia de María en la escena es implícita, pues el niño está con su madre. Los Padres de la Iglesia interpretaron este encuentro como la primera manifestación del Mesías a los gentiles, resaltando la Madre de la Epifanía como mediadora entre los sabios y Cristo1.
Desarrollo medieval y popularización
En la tradición litúrgica, la Epifanía se celebra como la manifestación de Cristo al mundo. El Catecismo de la Iglesia Católica destaca que los magos representan a las naciones que buscan al Rey de los pueblos1. Con el tiempo, la figura de María pasó a ser venerada bajo el título Virgen de los Reyes, enfatizando su papel de intercesora que recibe a los reyes sabios y los conduce al Salvador.
Consolidación en la época moderna
Papas recientes han reiterado la importancia de María en la Epifanía. En su homilía del 6 de enero de 2013, el Papa Benedicto XVI subrayó que la Virgen presenta al Redentor a los sabios, convirtiéndose en la verdadera Señora del Rey2. Asimismo, el Papa Francisco, en su reflexión sobre la Epifanía, menciona que la Virgen es la Madre del Rey que acompaña a los magos en su peregrinación espiritual3.
