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Virgen de Quito

La Virgen de Quito, también llamada Virgen del Apocalipsis o Virgen alada de Legarda, es una célebre imagen de la Inmaculada Concepción realizada en el siglo XVIII por el escultor quiteño Bernardo de Legarda. La escultura, una de las obras culminantes de la Escuela Quiteña, representa a María con alas, corona, manto amplio y actitud victoriosa sobre el dragón, en una interpretación barroca del capítulo duodécimo del Apocalipsis. Su iconografía y su historia pertenecen a Quito y no deben confundirse con la Virgen de El Quinche, imagen mariana distinta, de madera y sedente, vinculada a la evangelización de Oyacachi y a uno de los santuarios más importantes del Ecuador.

Virgin of Quito
Ver información de la imagenVirgen de Quito (1734), Iglesia y Monasterio de San Francisco, Quito, Ecuador, c. 2013. Original, Valerius Tygart, CC BY-SA 3.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreVirgen de Quito
CategoríaArte sacro
DescripciónRepresentación mariana de la Inmaculada Concepción y señal de esperanza y protección para los fieles
NacionalidadEcuatoriana
ArtistaBernardo de Legarda
Contexto HistóricoBarroco quiteño del siglo XVIII en la ciudad de Quito, Ecuador
EstadoVenerada como advocación local de la Inmaculada Concepción
Fecha de Creación1734
LugarIglesia de San Francisco de Quito
PatronazgoVirgen María, Madre de Jesús
SimbolismoAlas, corona, manto y dragón que representan la victoria de María sobre el mal y su protección maternal, inspirados en Apocalipsis 12
TipoArte sacro, Escultura, Imagen de la Inmaculada Concepción alada, Madera policromada con dorados
Uso LitúrgicoOración, instrucción doctrinal mariana, acompañamiento de la liturgia

Tabla de contenido

Identidad y denominaciones

La advocación Virgen de Quito designa principalmente la imagen mariana esculpida por Bernardo de Legarda hacia mediados del siglo XVIII para la iglesia de San Francisco de Quito. La obra también recibe los nombres de:

  • Virgen del Apocalipsis;
  • Virgen Inmaculada de Quito;
  • Virgen alada;
  • Virgen de Legarda;
  • Bailarina de Quito, denominación popular relacionada con la ligereza y amplitud del movimiento de la figura.

La denominación «Virgen de Quito» no equivale a un título litúrgico universal distinto de la Inmaculada Concepción. Identifica una advocación local y una imagen concreta, cuya forma artística adquirió una importancia extraordinaria en la cultura católica ecuatoriana.

Quito constituye uno de los grandes centros históricos del catolicismo en los Andes. La diócesis fue erigida por el papa Paulo III el 8 de enero de 1545, a petición del emperador Carlos V, y en 1848 pasó a tener rango metropolitano.1 La evangelización impulsó la creación de doctrinas y parroquias atendidas por franciscanos, dominicos, agustinos, mercedarios y, posteriormente, jesuitas.2

La imagen de Legarda

Autor y fecha

Bernardo de Legarda fue un escultor, pintor, dorador y ensamblador quiteño del siglo XVIII. Formó parte de la tradición artística que hoy recibe el nombre de Escuela Quiteña, nacida del encuentro entre la enseñanza artística europea, la tradición cristiana hispánica y la creatividad de los artistas indígenas y mestizos del territorio de la Real Audiencia de Quito.

La imagen de la Virgen fue realizada aproximadamente en 1734. La tradición relaciona su encargo con los franciscanos y con la iglesia de San Francisco de Quito, uno de los principales focos de la vida religiosa y artística de la ciudad. La obra alcanzó pronto una notable fama devocional y artística, hasta convertirse en una de las representaciones más reconocibles de la piedad mariana ecuatoriana.

La Escuela Quiteña desarrolló una producción abundante de pinturas, esculturas, retablos y conjuntos vinculados a los misterios de la vida de Cristo y de la Virgen. El papa Juan Pablo II presentó esta tradición artística como fruto del encuentro entre la fe católica y la religiosidad indígena, un encuentro que produjo una cultura artística propia, portadora de valores humanos transformados por el Evangelio.3

Material y técnica

La Virgen de Quito es una escultura de madera policromada, enriquecida con dorados y otros recursos propios de la imaginería barroca andina. La policromía aporta profundidad al rostro, viveza a los colores y riqueza al manto. El dorado, aplicado mediante técnicas tradicionales de la escultura colonial, intensifica el carácter celestial de la figura.

La escultura combina el trabajo de talla con elementos que acentúan el movimiento. El manto se abre alrededor del cuerpo como una gran forma ondulante; las alas se despliegan hacia los lados; la corona y los detalles ornamentales completan una imagen concebida para ser contemplada desde cierta distancia y para integrarse en un retablo o espacio elevado.

La obra no responde al modelo de una Virgen estática y frontal. Legarda creó una composición dinámica, casi ascensional, que transmite triunfo, protección y alegría. La figura parece avanzar o elevarse, mientras el dragón queda sometido bajo sus pies.

Iconografía

La mujer del Apocalipsis

La iconografía de la Virgen de Quito se inspira principalmente en el capítulo duodécimo del Libro del Apocalipsis:

«Una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza».

La tradición cristiana ha interpretado esta mujer en relación con la Iglesia, con Israel y, de manera eminente, con la Virgen María. La escultura quiteña desarrolla esta imagen mediante varios signos:

  • Las alas, que evocan a la mujer protegida por Dios en el desierto y expresan la dimensión celestial de María.
  • La corona, signo de su dignidad como Madre de Dios y Reina.
  • El manto amplio, que puede leerse como imagen de protección maternal.
  • El dragón o serpiente, representación del poder del mal vencido por la gracia divina.
  • La actitud erguida, que comunica victoria y dominio sobre el pecado.
  • El movimiento del vestido, que aporta ligereza y dinamismo a la composición.

La presencia de alas distingue notablemente esta imagen de muchas representaciones tradicionales de la Inmaculada. La iconografía de la Inmaculada Concepción suele mostrar a María de pie sobre la luna y la serpiente, rodeada de rayos, estrellas o símbolos de las letanías. Legarda incorporó las alas y amplificó el movimiento hasta crear una imagen singular dentro del barroco hispanoamericano.

La Inmaculada Concepción

La Virgen de Quito representa a María como Inmaculada, es decir, concebida sin pecado original desde el primer instante de su existencia. La escultura no presenta a María como una diosa autónoma ni como una divinidad alada. La Iglesia católica venera a la Virgen como criatura plenamente redimida por Cristo y como la mujer que recibió de Dios una gracia singular en atención a los méritos de su Hijo.

La iconografía mariana remite siempre a Cristo. La victoria de María sobre la serpiente no procede de un poder independiente, sino de la gracia de Dios. La tradición bíblica y litúrgica expresa esta verdad mediante la relación entre María y la promesa de la victoria sobre la serpiente del Génesis.

El dragón bajo los pies

El animal vencido bajo los pies de la Virgen aparece habitualmente como serpiente o dragón. La imagen alude al enemigo de Dios y al pecado, pero también al triunfo definitivo de Cristo, en cuya obra participa María de forma singular.

La representación no debe interpretarse como una exaltación guerrera de María al margen del Evangelio. El gesto de la Virgen proclama que el mal no tiene la última palabra. La figura mariana aparece como signo de esperanza para un pueblo que contempla en ella la eficacia de la gracia y la protección maternal de la Madre del Señor.

La Escuela Quiteña y la evangelización

Quito como centro eclesial

La ciudad de Quito fue fundada en el contexto de la expansión cristiana española en los Andes. La comunidad eclesial adquirió pronto una estructura estable: la diócesis nació en 1545 y las órdenes religiosas organizaron doctrinas, conventos, colegios y espacios de catequesis.2

Los franciscanos, dominicos, agustinos y mercedarios participaron en las primeras tareas evangelizadoras. Más tarde, los jesuitas contribuyeron a la educación, la formación intelectual y la producción artística. La presencia de estas instituciones favoreció la creación de talleres y escuelas donde la pintura y la escultura sirvieron para enseñar los misterios de la fe a una población plural desde el punto de vista cultural y lingüístico.

La evangelización no consistió únicamente en predicación oral. También empleó imágenes, retablos, procesiones, fiestas, música y espacios arquitectónicos. Las obras de arte permitieron presentar visualmente las escenas bíblicas y los principales contenidos de la doctrina cristiana.

Arte, catequesis y cultura

La escultura de Legarda pertenece a un mundo en el que la imagen religiosa poseía una función catequética, litúrgica y comunitaria. La Virgen de Quito no fue concebida solamente como una pieza artística. Su finalidad incluía:

Juan Pablo II describió el arte religioso ecuatoriano como una expresión de la memoria histórica, de las aspiraciones espirituales y de la identidad cultural del país. También presentó la Virgen de Quito como signo de alegría, esperanza y fraternidad para los ecuatorianos.4

La producción de la Escuela Quiteña muestra cómo la fe católica adquirió formas propias en América. La influencia europea proporcionó modelos iconográficos, técnicas y temas; los artistas locales aportaron sensibilidad, materiales, rasgos formales y una interpretación vinculada a su entorno. El resultado no fue una mera copia de los modelos peninsulares, sino una tradición artística original.

La Virgen de Quito y la ciudad

La imagen pertenece al patrimonio espiritual y artístico de Quito. La ciudad, situada en la alta meseta andina y dominada por el Pichincha y otras cumbres volcánicas, desarrolló una intensa vida religiosa desde la época colonial. Sus iglesias y conventos albergan numerosas obras de pintura y escultura, entre ellas ejemplos sobresalientes del barroco quiteño.1

La presencia de la Virgen alada contribuyó a consolidar la asociación entre Quito y la Inmaculada. La imagen llegó a representar simultáneamente:

  • la fe católica de la ciudad;
  • la creatividad de sus artistas;
  • la continuidad de una tradición religiosa;
  • la protección maternal de María;
  • la identidad cultural ecuatoriana.

La devoción mariana de Quito no puede separarse de la historia de sus instituciones eclesiales, de sus conventos y de la labor catequética desarrollada durante siglos. La ciudad fue también un centro de educación y de cultura cristiana. La Universidad y los colegios vinculados a las órdenes religiosas contribuyeron a la formación intelectual del territorio.1

La gran réplica del Panecillo

La iconografía de la Virgen de Quito inspiró la monumental escultura situada en el Panecillo, colina que domina la ciudad. La obra, realizada en el siglo XX, reproduce la imagen de la Inmaculada alada en dimensiones monumentales y constituye uno de los símbolos visuales más conocidos de Quito.

La estatua monumental conserva los elementos esenciales de la composición de Legarda: alas, manto abierto, corona, postura triunfal y dragón sometido. Desde el Panecillo, la imagen contempla la ciudad y ha adquirido una dimensión pública que supera el ámbito de una iglesia concreta.

La escultura monumental no sustituye a la imagen histórica ni constituye una advocación diferente. Ambas pertenecen a la misma tradición iconográfica: la primera es la obra barroca de Legarda; la segunda es una interpretación monumental posterior destinada al paisaje urbano.

Distinción respecto de la Virgen de El Quinche

Dos advocaciones diferentes

La Virgen de Quito y la Virgen de El Quinche pertenecen a la tradición mariana católica del Ecuador, pero representan imágenes, advocaciones, estilos y lugares distintos.

La diferencia puede resumirse así:

AspectoVirgen de QuitoVirgen de El Quinche
Identificación principalVirgen del Apocalipsis e Inmaculada aladaNuestra Señora de El Quinche
Autor tradicionalBernardo de LegardaDiego de Robles
MaterialMadera policromada con elementos doradosTalla de madera
PosturaErguida y dinámicaSedente
IconografíaMujer alada sobre el dragónVirgen sentada con el Niño Jesús
Centro devocionalQuito, especialmente la tradición de San Francisco y el PanecilloSantuario de El Quinche
Contexto históricoBarroco quiteño del siglo XVIIIEvangelización de Oyacachi y traslado posterior a El Quinche

La Virgen de El Quinche aparece como una imagen sedente de madera, con el Niño Jesús. Su composición pertenece a una tradición distinta de la Inmaculada alada de Legarda. La semejanza devocional -ambas reciben veneración mariana en Ecuador- no autoriza a identificarlas.

La Virgen de El Quinche y el santuario

El santuario de El Quinche se encuentra en la archidiócesis de Quito y posee una larga historia de peregrinación. El templo comenzó a construirse en 1604; después de sufrir daños por terremotos, fue reconstruido y ampliado. Juan XXIII le concedió el título y la dignidad de basílica menor mediante un documento de 1959. El mismo documento recuerda la afluencia de fieles, la atención sacerdotal y la coronación de la imagen con diadema de oro en 1933.5

La devoción de El Quinche ocupa un lugar central en la vida religiosa ecuatoriana. Los peregrinos acuden a la Madre de Dios para dar gracias, pedir ayuda y renovar su vida cristiana. El santuario articula liturgia, peregrinación, penitencia, canto, promesas y participación comunitaria.

Diego de Robles y la evangelización de Oyacachi

El escultor

Diego de Robles, escultor de origen español activo en la Real Audiencia de Quito durante el siglo XVI, trabajó en la producción de imágenes marianas destinadas a la evangelización. Su nombre aparece vinculado a la tradición histórica de varias imágenes de la región, especialmente a la Virgen de El Quinche.

La actividad de Robles corresponde a una etapa anterior a la de Bernardo de Legarda. Esta diferencia cronológica ayuda a evitar la confusión entre ambas esculturas:

  • Diego de Robles pertenece al primer periodo de la escultura colonial quiteña.
  • Bernardo de Legarda representa la madurez del barroco quiteño del siglo XVIII.
  • Robles realizó imágenes de madera vinculadas a la catequesis y a los primeros santuarios.
  • Legarda creó una interpretación barroca de la Inmaculada con alas y movimiento.

La escultura colonial necesitaba imágenes resistentes, visibles y aptas para la veneración comunitaria. Los talleres producían obras destinadas a iglesias, doctrinas, procesiones y lugares de peregrinación. La imagen mariana funcionaba como instrumento de enseñanza y como centro visible de la comunidad cristiana.

Oyacachi en el proceso evangelizador

Oyacachi es una población andina situada al este de Quito, en una zona de difícil acceso y de gran riqueza natural. Durante la época colonial, la evangelización de los pueblos indígenas afrontó grandes distancias, barreras geográficas, diversidad lingüística y la necesidad de establecer formas estables de catequesis.

Las órdenes religiosas desempeñaron una función decisiva en la expansión del cristianismo en Ecuador. Franciscanos, dominicos, agustinos y mercedarios organizaron doctrinas desde los primeros tiempos, mientras que los jesuitas ampliaron posteriormente la red educativa y misionera.2 El trabajo pastoral incluyó la enseñanza del catecismo, la celebración de los sacramentos, la formación de comunidades y la creación de imágenes para la oración.

El entorno de Oyacachi muestra la complejidad de la evangelización andina. La implantación de la fe católica tuvo lugar en comunidades indígenas con tradiciones religiosas, estructuras sociales y lenguas propias. El quechua -también llamado quichua- constituía una de las principales lenguas indígenas de los Andes y tenía una amplia presencia en Ecuador y Perú.6

La catequesis requirió, por tanto, adaptación cultural y empleo de signos comprensibles. Las imágenes de la Virgen, los crucifijos, las escenas de la Pasión y las fiestas litúrgicas facilitaron la transmisión visual de la fe. Esta tarea no puede reducirse a una cuestión artística: afectó a la organización de las comunidades y a la formación de una cultura cristiana local.

Traslado de la imagen a El Quinche

La tradición histórica vincula la imagen de la Virgen de El Quinche con Oyacachi y con la labor escultórica de Diego de Robles. La imagen habría recibido veneración inicial en la comunidad de Oyacachi antes de trasladarse a El Quinche, donde adquirió una difusión mucho más amplia.

El traslado expresa una dinámica frecuente en la historia de los santuarios: una imagen vinculada a una comunidad concreta llega a convertirse en centro de peregrinación regional. El Quinche ofrecía una localización más favorable para la afluencia de peregrinos y para la organización estable del culto.

La historia de Oyacachi y El Quinche pertenece, por tanto, a la génesis de una advocación mariana distinta de la Virgen de Quito. La primera está relacionada con una imagen sedente de madera y con el santuario de El Quinche; la segunda corresponde a la Inmaculada alada de Legarda y a la tradición artística de Quito.

Devoción mariana y enseñanza católica

La veneración de la Virgen de Quito, como toda auténtica devoción mariana católica, tiene carácter relativo a Cristo. Los fieles honran a María por la gracia recibida de Dios y por su cooperación singular en la obra de la salvación. La imagen no recibe culto de adoración, reservado únicamente a Dios.

La escultura permite contemplar varias verdades de la fe:

  • María es la Madre de Jesucristo.
  • Dios preservó a María del pecado original.
  • La gracia de Dios vence el poder del mal.
  • María intercede por los fieles.
  • La esperanza cristiana culmina en la victoria de Cristo.
  • La belleza puede servir a la evangelización y a la oración.

El arte religioso no actúa como un objeto mágico. La devoción cristiana no atribuye poderes autónomos a la madera, al oro o a la policromía. La imagen orienta el corazón hacia la persona representada y, en el caso de la Virgen, conduce a Cristo.

Significado cultural y nacional

La Virgen de Quito ocupa un lugar destacado en la memoria cultural del Ecuador. Su imagen reúne elementos religiosos, históricos y artísticos que han influido en la percepción de Quito como ciudad de tradición católica y como centro de la Escuela Quiteña.

Juan Pablo II presentó la Virgen de Quito como una expresión de la piedad mariana del pueblo ecuatoriano y como signo de acercamiento a los humildes, alegría, esperanza y fraternidad.4 El mismo pontífice relacionó el patrimonio artístico ecuatoriano con la tarea permanente de evangelizar la cultura y de encarnar la fe en formas culturales concretas.4

La imagen también forma parte de una tradición nacional en la que la Iglesia, las fiestas religiosas, las artes, la educación y la vida comunitaria han mantenido una relación estrecha. La historia eclesial de Quito incluye colegios, universidades, conventos, talleres artísticos y centros de formación que contribuyeron a la consolidación de una cultura cristiana.1

Valor artístico

Desde el punto de vista de la historia del arte, la Virgen de Quito destaca por cuatro rasgos principales:

Movimiento

La composición rompe con la rigidez de muchas imágenes frontales. El giro del cuerpo, la apertura del manto y la extensión de las alas producen una sensación de movimiento ascendente.

Equilibrio entre delicadeza y triunfo

El rostro transmite serenidad y juventud, mientras que la postura y el dragón vencido expresan victoria. Legarda unió ternura maternal y autoridad espiritual.

Integración de elementos celestes y terrestres

Las alas, la corona y el brillo del dorado evocan el cielo. La madera policromada, el vestido y la expresividad del rostro aproximan la figura a la experiencia humana. Esta unión favorece una devoción cercana y afectiva.

Originalidad americana

La obra adopta un tema universal de la iconografía católica, pero lo desarrolla mediante los recursos técnicos, estéticos y culturales de la Escuela Quiteña. Por ello ocupa un lugar propio dentro del barroco hispanoamericano.

Diferencias esenciales entre ambas imágenes

La distinción entre la Virgen de Quito y la Virgen de El Quinche requiere atención porque la devoción popular puede utilizar expresiones semejantes para imágenes diferentes.

La Virgen de Quito:

  • es una Inmaculada;
  • aparece de pie;
  • tiene alas;
  • aplasta o domina al dragón;
  • fue realizada por Bernardo de Legarda;
  • pertenece al barroco quiteño del siglo XVIII;
  • quedó asociada a Quito y al monumento del Panecillo.

La Virgen de El Quinche:

  • es una imagen mariana sedente;
  • lleva al Niño Jesús;
  • está tallada en madera;
  • pertenece a la tradición vinculada a Diego de Robles;
  • recibió veneración inicial en Oyacachi;
  • tiene su santuario principal en El Quinche;
  • fue objeto de una importante coronación y de la elevación de su templo a basílica menor.5

La diferencia no es meramente estética. Cada imagen posee una historia, una iconografía, un centro de culto y una tradición devocional propios. Mantener la distinción evita un sincretismo devocional erróneo y permite comprender mejor la riqueza de la piedad mariana ecuatoriana.

Legado

La Virgen de Quito constituye una de las expresiones más originales de la iconografía mariana católica en América. La obra de Bernardo de Legarda transformó la representación de la Inmaculada mediante alas, movimiento y una poderosa composición barroca. Su influencia alcanzó la escultura monumental del Panecillo y convirtió la imagen en uno de los símbolos religiosos y culturales de la capital ecuatoriana.

Su historia forma parte de un proceso más amplio: la formación de la Iglesia de Quito, la evangelización de los pueblos andinos, la actividad de las órdenes religiosas, el desarrollo de la Escuela Quiteña y la integración de la fe católica en la cultura local. La imagen recuerda que el arte cristiano puede ser simultáneamente obra de belleza, instrumento catequético, expresión comunitaria y signo de esperanza.

La Virgen de Quito y la Virgen de El Quinche pertenecen a la misma tradición católica mariana, pero no son la misma advocación. La primera es la Inmaculada alada de Legarda; la segunda, la Virgen sedente de madera venerada en El Quinche, cuya historia se relaciona con Oyacachi y con el escultor Diego de Robles.

Citas y referencias

  1. Arquidiócesis de Quito. Catholic Encyclopedia, Arquidiócesis de Quito (1913). 2 3 4
  2. Papa Juan Pablo II. 30 de enero de 1985: Misa del 450.o aniversario de la evangelización del Ecuador - Homilía, 4 (1985). 2 3
  3. Papa Juan Pablo II. Encuentro con el mundo de la cultura en la iglesia de La Compañía (30 de enero de 1985) - Discurso, 1 (1985).
  4. Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: Número 9, septiembre, 1985, 77 (1985). 2 3
  5. III, Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: Número 13, octubre, 1959, 24 (1959). 2
  6. Indios quichuas. Catholic Encyclopedia, Indios quichuas (1913).
Modificado el 5 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.42Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/cz5vchr0k

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