La documentación histórica que acompaña la figura de la Virgen de Cuyo se centra, ante todo, en su función eclesial: la imagen participa en el relato del cruce de los Andes, preside actos de confianza, recibe ofrendas votivas y culmina en una coronación litúrgica.
La tradición popular, en consecuencia, describe sobre todo acciones: la colocación visible del simulacro antes de la campaña, la proclamación de la Virgen como patrona de las tropas, la ofrenda del bastón de mando y el carácter nacional del reconocimiento eclesial mediante la coronación.
Desde el punto de vista devocional, el santuario funciona como espacio de memoria creyente: une historia civil y fe católica, y propone a la comunidad el ejemplo de una confianza constante en la protección divina mediada por María.