Orígenes y transmisión de la imagen
En 1845 el párroco Santiago Romero encargó a escultores de Manila la confección de tres tallas: una de la Virgen María, otra de San Miguel Arcángel y una de los Santos Ángeles Custodios. Las imágenes fueron embarcadas en el velero Matutina con destino a Santo Tomás. Durante el trayecto, piratas moros abordaron la nave y arrojaron al mar las cajas que contenían las esculturas, dañando incluso el antebrazo izquierdo de la estatua de la Virgen. Una de las cajas, la que llevaba la imagen mariana, logró llegar a la costa de Bolinao, donde fue encontrada seca y en buen estado. El cura de Bolinao reconoció su procedencia y, tras notificar al párroco Santiago, la imagen fue enviada a Santo Tomás, donde fue instalada el 19 de julio de 1845.
Desarrollo de la devoción
Desde su llegada, la Virgen del Mar Cautiva ha sido asociada a numerosos milagros y curaciones, entre los que destacan partos seguros y curaciones de enfermedades. La devoción se consolidó rápidamente entre los habitantes locales, quienes la consideran protectora de los pescadores y marineros, así como intercesora ante los peligros del mar. La pérdida y posterior sustitución del brazo de la imagen —primero de oro, luego de marfil, y finalmente atado con cuerdas para evitar su caída— simboliza la resistencia y sacrificio de la Virgen frente a la violencia humana, recordando su llegada bajo circunstancias de ataque pirata1.
