La tradición católica sitúa a la Virgen María bajo la advocación de Virgen del Rosario de Chiquinquirá, vinculada a la imagen venerada en el santuario mariano de Chiquinquirá. En la espiritualidad católica, esta advocación conduce a contemplar el misterio de Cristo a través del Rosario y a reconocer en María una figura de fe que acoge la Palabra de Dios con el «fiat».4,2
María, Madre de la Iglesia y Reina asociada al misterio apostólico
Juan Pablo II, al dirigirse a los fieles en torno a Chiquinquirá, presenta a María como Madre de la Iglesia y la invoca con títulos que subrayan su cercanía al misterio eclesial y apostólico: Madre de los discípulos de Jesús, Virgen del Cenáculo y Reina de los Apóstoles. Esta formulación teológica conecta el culto mariano con el dinamismo de la Iglesia que evangeliza, ora y actúa con plenitud del Espíritu.4,1
«Que Ella... os alcance la plenitud del Espíritu para que haga fecunda vuestra acción apostólica.»4

