La imagen fue realizada hacia mediados del siglo XVI por el pintor Alonso de Narváez. Su composición representa a la Virgen con el Niño Jesús, acompañados por san Andrés y san Antonio de Padua. La devoción tradicional relaciona la renovación de la pintura, ocurrida varias décadas después de su ejecución, con María Ramos, quien había mostrado gran veneración por ella.3
La representación presenta a María con una túnica rosada y un manto azul. En una alocución de 1954, Pío XII interpretó esos colores como símbolos de la caridad y de la pureza de la Virgen. También aludió al cetro que sostiene como emblema de su realeza maternal, y al Niño, que lleva un pajarillo en las manos.3
La imagen recibe el nombre de Nuestra Señora del Rosario por la relación entre la advocación y la oración del rosario. En 1986, san Juan Pablo II explicó que el rosario conduce a Cristo y ayuda a meditar los misterios de su vida, la redención, la resurrección y el nacimiento de la Iglesia.4


