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Virgen del Rosario del Milagro

La Virgen del Rosario del Milagro es la advocación mariana bajo la cual se venera, en la ciudad de Córdoba (Argentina), la imagen de Nuestra Señora del Rosario llegada desde España en 1592 y proclamada patrona principal de la Arquidiócesis cordobesa. Su culto une la piedad del Rosario -oración que compendia los misterios de Cristo y de María- con la memoria de un hallazgo prodigioso y de sucesivos favores atribuidos a su intercesión, que la tradición popular resume en el título «del Milagro».

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreVirgen del Rosario del Milagro
CategoríaTérmino
Nombre Completo
DescripciónAdvocación mariana venerada en Córdoba (Argentina), cuya imagen llegó desde España en 1592
Año de Origen1592
CiudadCórdoba
DiócesisArquidiócesis de Córdoba
Escritos RelacionadosSupremi Apostolatus Officio, Lumen Gentium, Rosarium Virginis Mariae, Marialis Cultus
Fecha19 de junio de 1592
Fecha de CelebraciónSábado anterior al primer domingo de octubre
Fecha de Coronación1 de octubre de 1892
FestividadSábado anterior al primer domingo de octubre
HistoriaLlegada desde España en 1592 tras el suceso de los arcones flotantes en el Callao, entregada a la Orden de Predicadores en Córdoba.
LugarCórdoba, Argentina
Orden ReligiosaOrden de Predicadores (Dominicos)
OrigenPuerto del Callao, virreinato del Perú
PaísArgentina
PatronazgoArquidiócesis de Córdoba
Personas relacionadas
Personas RelacionadasSanto Toribio de Mogrovejo, santa Rosa de Lima, san Francisco Solano, san Martín de Porres, Santiago de Liniers, general José de San Martín, obispo Reginaldo Toro, cardenal Ángel Sixto Rossi, S.J.
TipoAdvocación mariana, Córdoba del Tucumán
Ubicación ActualBasílica de Córdoba

Tabla de contenido

Origen del título

Los dos arcones del Callao

La noche del 19 de junio de 1592 un temblor de tierra sacudió el puerto del Callao, en el virreinato del Perú. Al amanecer siguiente, dos arcones aparecieron flotando cerca de la costa. Recogidos por orden del virrey García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, llevaban sendos rótulos grabados a fuego: uno anunciaba una imagen de Nuestra Señora del Rosario destinada al convento de Predicadores de Córdoba del Tucumán; el otro, un Cristo crucificado destinado a la iglesia matriz de Salta. Ambos habían sido remitidos por fray Francisco de Vitoria, O.P., obispo de aquella diócesis.1

El obispo Francisco de Vitoria y el envío de las imágenes

Fray Francisco de Vitoria gobernó la diócesis de Córdoba del Tucumán entre 1578 y 1592.2 La imagen mariana que encargó tallar es, según la tradición local, réplica de Nuestra Señora de Atocha, venerada en el convento dominico de Madrid; no por azar el obispo falleció ese mismo año en el propio convento de Atocha, mientras disponía el envío de las dos tallas a su diócesis americana. El suceso del Callao -el naufragio del que solo se salvaron las imágenes- fue leído por los fieles como una primera señal de predilección divina sobre ellas, antes incluso de que emprendieran el viaje hacia su destino final.

El itinerario hasta Córdoba

Veneración en Lima

Antes de proseguir viaje, las imágenes fueron veneradas en la catedral de Lima, donde el arzobispo santo Toribio de Mogrovejo celebró un pontifical y un Te Deum de acción de gracias. La tradición sostiene que en aquella ocasión coincidieron ante las imágenes santa Rosa de Lima, san Francisco Solano y san Martín de Porres, tres de los primeros santos canonizados de América.1

Salta: la separación de las imágenes

Formadas en procesión, las imágenes atravesaron el territorio hasta Salta, donde fueron recibidas con solemnidad en el lugar conocido desde entonces como «Campo de la Cruz». Allí permaneció el Cristo, origen de la devoción salteña que con el tiempo se conocería como el Señor del Milagro. La imagen de la Virgen del Rosario, en cambio, continuó viaje hacia Córdoba, escoltada por caballeros que se sumaron a la comitiva procedentes de Potosí.1

Entrega a la Orden de Predicadores en Córdoba

Córdoba, ciudad ya reconocida por su vida religiosa y universitaria, recibió la imagen con gran solemnidad y la entregó a la Comunidad Dominicana, custodia natural de una advocación ligada a la predicación del Rosario. Desde entonces la ciudad le dedicó altar y santuario propio.1

La Virgen del Rosario del Milagro en la historia de Argentina

Sequías y epidemias

El pueblo de Córdoba acudió a la Virgen en tiempos de calamidad pública, entre ellos la sequía que asoló los campos de la provincia en 1846 y la epidemia de cólera de 1867, atribuyendo a su intercesión el fin de ambos flagelos.4

Las invasiones inglesas y las banderas de Liniers

Entre los favores recordados con mayor gratitud figura la liberación de la región del invasor durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807. Santiago de Liniers atribuyó a la protección de la Virgen el triunfo sobre las tropas británicas y, en prueba de gratitud, ofrendó al santuario cordobés banderas tomadas al enemigo, que aún se conservan en la basílica.4

El general San Martín y el Ejército de los Andes

Años más tarde, el general José de San Martín rindió idéntico homenaje: ofreció a la imagen venerada una de las banderas del Ejército de los Andes, gesto que la memoria cordobesa conserva como testimonio de la vinculación entre la fe popular y los momentos decisivos de la independencia argentina.4

La coronación pontificia de 1892

La petición del obispo Reginaldo Toro

Recogiendo el testimonio secular de gracias recibidas, el obispo fray Reginaldo Toro, O.P., solicitó a la Santa Sede la corona pontificia para la imagen. El papa León XIII la concedió, y el 1 de octubre de 1892 °Córdoba ciñó solemnemente la frente de su Virgen con la corona de Reina.4

El sentido teológico de la coronación de imágenes marianas

La coronación canónica de una imagen no añade ninguna potestad sobrenatural a la talla misma, que sigue siendo simple materia trabajada por manos humanas. Su sentido es doctrinal y pastoral: reconoce públicamente, ante una comunidad eclesial concreta, la realeza que corresponde a María como Madre del Rey de reyes y subraya la fe del pueblo en su intercesión constante. El derecho de la Iglesia recuerda precisamente que las imágenes sagradas se exponen a la veneración de los fieles «de manera moderada y en el orden debido», para que susciten piedad recta y no una devoción desviada.5

Patrona de la Arquidiócesis de Córdoba

La erección de la Arquidiócesis en 1934

En 1934 la Santa Sede elevó la antigua diócesis de Córdoba a la dignidad de Arquidiócesis. Con ese motivo se pidió a Roma que declarase a la Virgen del Rosario del Milagro patrona principal de la nueva sede metropolitana.

El patronazgo de 1937

La declaración se celebró solemnemente el 3 de octubre de 1937, jornada que la memoria eclesial cordobesa conserva como una de las más multitudinarias de su historia: más de cien mil fieles acompañaron aquel día a su Patrona en procesión.1

El culto actual

La Arquidiócesis de Córdoba, hoy presidida por el cardenal Ángel Sixto Rossi, S.J., celebra la fiesta patronal de la Virgen del Rosario del Milagro el sábado anterior al primer domingo de octubre, con novena, rosario de la aurora, misas votivas y procesión de la imagen peregrina por las parroquias de la ciudad.6

El Rosario como fundamento de la devoción

Naturaleza de la oración del rosario

El título mismo de la advocación recuerda que la devoción no se sostiene en el prodigio aislado, sino en la oración del Rosario, que la Iglesia ha promovido de modo constante como escuela de contemplación de los misterios de Cristo. León XIII, en su encíclica Supremi Apostolatus Officio, presentó el Rosario como remedio providencial para las necesidades de los tiempos difíciles.3 Siglos después, Juan Pablo II lo describió como una síntesis del Evangelio que conduce al orante, por María, hasta el rostro de Cristo.7

La mediación mariana: veneración, no idolatría

La piedad hacia la Virgen del Rosario del Milagro se mueve por entero dentro de la doctrina católica sobre el culto a María: un culto de veneración -distinto por naturaleza de la adoración debida solo a Dios- que honra en ella a la Madre del Redentor y a la más excelente intercesora ante su Hijo. El Concilio Vaticano II advirtió que esta veneración, aunque singular, permanece esencialmente subordinada al culto debido al Verbo encarnado, del que procede toda gracia.8 El mismo Concilio exhortó a evitar tanto la falsa exageración como la estrechez de ánimo en el ejercicio de este culto, recordando que su fin último es siempre glorificar a Dios y conformar la vida cristiana con los misterios de Cristo.9 Pablo VI insistió, en la misma línea, en que la piedad popular hacia María debe permanecer arraigada en la Escritura, la liturgia y la vida sacramental de la Iglesia, para no degenerar en formas devocionales ajenas a la fe.10

Valor espiritual de la devoción

La Virgen del Rosario del Milagro representa, dentro de la piedad católica argentina, la convicción de que la intercesión mariana, alcanzada por el Rosario, acompaña tanto la vida ordinaria de un pueblo como sus momentos de mayor prueba. Su historia -el hallazgo providencial en el Callao, el itinerario compartido con el Cristo de Salta, la entrega a la Orden de Predicadores, la coronación pontificia y el patronazgo arquidiocesano- no añade nada a la fe revelada, pero la ilustra: recuerda que la Madre de Dios permanece cercana a quienes la invocan «llenos de esperanza», sin que su devoción reclame para sí más gloria que la del Hijo a quien conduce.

Citas y referencias

  1. Nuestra Señora del Rosario del Milagro. Frailes Dominicos de la Provincia de San Agustín en Argentina y Chile, Historia de la imagen (2022). 2 3 4 5
  2. Francisco de Vitoria, O.P. Catholic Hierarchy, Bishop of Córdoba (Tucumán) (1592).
  3. Supremi Apostolatus Officio. León XIII. Carta Encíclica, 1 (1883). 2
  4. La Virgen del Rosario del Milagro. Los Principios, Córdoba (s.f.). 2 3 4
  5. Can. 1188. Código de Derecho Canónico, 1188 (1983).
  6. Metropolitan Archdiocese of Córdoba. GCatholic, Patron Saint (2024).
  7. Rosarium Virginis Mariae. Juan Pablo II. Carta Apostólica, 1 (2002).
  8. Lumen Gentium. Concilio Vaticano II. Constitución dogmática, 66 (1964).
  9. Lumen Gentium. Concilio Vaticano II. Constitución dogmática, 67 (1964).
  10. Marialis Cultus. Pablo VI. Exhortación Apostólica, 42 (1974).
Modificado el 29 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.20 • 84 visitas • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/ktmbdm94j

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