Los dos arcones del Callao
La noche del 19 de junio de 1592 un temblor de tierra sacudió el puerto del Callao, en el virreinato del Perú. Al amanecer siguiente, dos arcones aparecieron flotando cerca de la costa. Recogidos por orden del virrey García Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, llevaban sendos rótulos grabados a fuego: uno anunciaba una imagen de Nuestra Señora del Rosario destinada al convento de Predicadores de Córdoba del Tucumán; el otro, un Cristo crucificado destinado a la iglesia matriz de Salta. Ambos habían sido remitidos por fray Francisco de Vitoria, O.P., obispo de aquella diócesis.1
El obispo Francisco de Vitoria y el envío de las imágenes
Fray Francisco de Vitoria gobernó la diócesis de Córdoba del Tucumán entre 1578 y 1592.2 La imagen mariana que encargó tallar es, según la tradición local, réplica de Nuestra Señora de Atocha, venerada en el convento dominico de Madrid; no por azar el obispo falleció ese mismo año en el propio convento de Atocha, mientras disponía el envío de las dos tallas a su diócesis americana. El suceso del Callao -el naufragio del que solo se salvaron las imágenes- fue leído por los fieles como una primera señal de predilección divina sobre ellas, antes incluso de que emprendieran el viaje hacia su destino final.


