Orígenes dominicanos
Según la tradición de la Orden de los Predicadores, el rosario fue revelado a San Domingo por la propia Virgen María como un instrumento para combatir la herejía albigense y fortalecer la fe del pueblo cristiano1. Esta visión habría inspirado a San Domingo a difundir la oración en forma de «Psalterio de la Santísima Virgen María», compuesta por el «Ángelical Saludo» (Ave María) repetido ciento cincuenta veces, intercalado con el Padrenuestro y la meditación de los misterios de Cristo2.
Consolidación en el siglo XVI
El rosario cobró especial relevancia durante la amenaza otomana del siglo XVI. Tras la victoria naval de Lepanto (7 de octubre de 1571), la procesión de los rosarios en Roma fue considerada una respuesta divina a la intercesión mariana3. En agradecimiento, el Papa San Pío V instituyó una celebración anual del Nuestra Señora del Rosario el día de la victoria, y el Papa Gregorio XIII fijó la fiesta para el primer domingo de octubre3. Posteriormente, el Papa Clemente XI extendió la observancia a toda la Iglesia en 1716, tras otra victoria contra los turcos en Peterwardein4.
Desarrollo posterior
A lo largo de los siglos, numerosos pontífices reforzaron la devoción: el Papa León XIII la elevó a doble de segunda clase y añadió la invocación «Reina del Santo Rosario» al Litanario de Loreto4; el Papa Juan Pablo II, en la Apostólica Carta Rosarium Virginis Mariae, describió el rosario como «un compendio de todo el mensaje del Evangelio» y resaltó su valor contemplativo5; y el Papa Francisco invitó a redescubrir la belleza del rosario en su Audiencia General del 7 de octubre de 20206.

