Primeras referencias patrísticas y conciliares
El concepto de María como sagrario del Espíritu Santo se encuentra implícito en la enseñanza del Concilio Vaticano II, que la describe como «Madre de Dios Hijo y, por eso, Hija predilecta del Padre y Sagrario del Espíritu Santo»1. Esta formulación subraya la relación íntima entre la Virgen y el altar donde se celebra la presencia real de Cristo.
Desarrollo en la España medieval y moderna
En la ciudad de Sevilla, la devoción a la Virgen del Sagrario adquirió una dimensión pública y popular a partir del siglo XVI, cuando la imagen fue trasladada al altar mayor de la catedral, convirtiéndose en punto focal de procesiones y actos de caridad. El propio Papa Pablo VI, durante el Congreso Nacional Eucarístico de 1968, resaltó la importancia de esta devoción al señalar que Sevilla «se ha convertido en el Altar Mayor de España, donde convergen tantas almas adorando el fruto de las entrañas de la Santísima Virgen María»1.
