San Justino
San Justino Mártir ofrece hacia el año 150 uno de los primeros testimonios explícitos de la comparación entre Eva y María. En su Diálogo con Trifón, contrapone a la virgen Eva, que concibió la desobediencia al aceptar la palabra de la serpiente, con la Virgen María, que recibió con fe la palabra del ángel y dio a luz al Hijo de Dios.
La formulación de Justino muestra que la relación entre Eva y María pertenece a una tradición cristiana muy antigua. El paralelismo no depende únicamente de la maternidad física, sino también de la respuesta moral y espiritual de cada mujer.
San Ireneo de Lyon
San Ireneo desarrolló de forma sistemática la doctrina de María como nueva Eva. Para él, Cristo recapitula en sí mismo la historia humana y restaura la obediencia perdida por Adán. Junto al nuevo Adán aparece María, nueva Eva, cuya obediencia coopera con el comienzo de la nueva creación.
Ireneo presenta a ambas como vírgenes: Eva, todavía virgen, acepta la palabra de la serpiente y engendra la desobediencia; María, también virgen, recibe la palabra de Dios y concibe al Salvador. De este modo, la virginidad y la maternidad de María forman parte de una misma acción salvífica: ella acoge al Hijo de Dios y lo entrega al mundo.
En otro pasaje, Ireneo relaciona la obediencia de María con la liberación de la humanidad. La primera Eva aparece vinculada al comienzo de la ruina; María, mediante su consentimiento, queda vinculada al comienzo de la salvación. Este planteamiento no atribuye a María una autonomía respecto de Cristo, sino una cooperación dependiente de la iniciativa y de la gracia de Dios.
Tertuliano
Tertuliano expresó el paralelismo con una fórmula de gran influencia: Eva creyó a la serpiente, mientras que María creyó a Gabriel. Aquello que Eva había perdido por su incredulidad, María comenzó a restaurarlo por su fe. La contraposición muestra que el pecado no consiste únicamente en una acción externa, sino también en una respuesta equivocada a la palabra recibida.
La tradición patrística del siglo II presenta con notable concordancia estos elementos: Eva desobedece y trae muerte; María obedece y da a luz al Salvador; Eva coopera en la ruina asociada a Adán; María coopera, de manera subordinada, con Cristo, el nuevo Adán, en la obra salvadora.