En la tradición católica, las virtudes son disposiciones estables del intelecto y la voluntad que rigen nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta de acuerdo con la razón y la fe1. Son cualidades que nos inclinan a actuar correctamente de manera habitual, permitiéndonos llevar una vida buena y constante2. La búsqueda del bien es una capacidad inherente al corazón humano, y el Espíritu Santo asiste a quienes lo reciben para discernir el bien del mal, adherirse al bien y rechazar el mal, logrando así la plena realización personal3.
La reflexión sobre las virtudes tiene una larga historia, que se remonta a la sabiduría antigua, incluso antes del cristianismo3. Filósofos como Platón y Aristóteles ya elaboraron sobre ellas, y esta herencia fue luego enriquecida y perfeccionada por los Padres de la Iglesia y los escolásticos, quienes le dieron una inflexión cristiana2.
