Creación y ubicación
El lienzo se realizó a finales del siglo XII, época en la que el arte románico buscaba materializar doctrinas fundamentales mediante imágenes didácticas. Fue encargado por el papa Inocencio III para reforzar la autoridad papal en el contexto de las controversias con los movimientos heréticos de la época. La obra quedó instalada en la sacristía de la Basílica de San Pedro, donde permanece como parte del patrimonio litúrgico y patrimonial de la Iglesia.
Relación con la tradición patrística
La representación visual de la visión de Pedro se apoya en la tradición patrística que subraya la fe de Pedro como fundamento de la Iglesia. San Agustín y San Ambrosio ya habían señalado que la confesión de Pedro «las puertas del infierno no prevalecerán contra ella» (cf. Mateo 16, 18) constituye la base de la fe cristiana1. El lienzo traduce esa enseñanza en una escena donde Cristo entrega las llaves a Pedro, enfatizando la continuidad del Magisterio apostólico.
