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Visiones de Daniel (cuatro bestias y setenta semanas)

Las visiones de las cuatro bestias y de las setenta semanas constituyen dos de los pasajes proféticos y apocalípticos más relevantes del libro de Daniel. Ambas imágenes presentan la historia humana bajo el juicio de Dios, anuncian la derrota de los poderes opresores y orientan la esperanza hacia el Reino eterno, el Hijo del hombre y la obra redentora del Mesías. La interpretación católica integra el sentido histórico de los acontecimientos relacionados con Israel y Jerusalén con su dimensión espiritual y escatológica, culminada en Jesucristo.

Daniel scroll
Ver información de la imagenPergamino del libro bíblico de Daniel en hebreo. El pergamino pertenecía a la Christian Heritage Foundation de Cleburne, Texas. Fotografía tomada en una exposición pública, c. 2024. Original, Pete Unseth, CC BY 4.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreVisiones de Daniel (cuatro bestias y setenta semanas)
CategoríaPersona
DescripciónDos visiones proféticas que presentan la historia humana bajo el juicio de Dios, anunciando la derrota de los imperios y la esperanza en el Hijo del Hombre y el Reino eterno. La visión de las cuatro bestias describe cuatro reinos que ejercen poder violento; la visión de las setenta semanas interpreta un período de 490 años que culmina con la llegada, sufrimiento y victoria del Mesías, y con la abominación desoladora del templo. Demuestra la fragilidad de los imperios humanos y la soberanía definitiva de Dios; anticipa la llegada del Hijo del Hombre y el establecimiento de un Reino eterno
Contexto BíblicoForman parte del libro de Daniel, considerado literatura apocalíptica que usa símbolos, números y visiones para revelar el sentido profundo de la historia del pueblo de Israel.
Contexto HistóricoEscritura apocalíptica vinculada a la persecución bajo Antíoco IV Epífanes y a la crisis macabea, con referencias a los imperios asirio, medopersa, griego y romano.
Enseñanzas
  • Los imperios son temporales
  • Dios dirige la historia hacia su juicio y redención
  • Jesús es cumplimiento del Hijo del Hombre
  • los fieles deben permanecer firmes ante la persecución.
Interpretación TradicionalLas bestias representan los reinos asirio, medopersa, griego y romano; el cuerno pequeño alude al Anticristo o perseguidor final. Las setenta semanas se entienden como 490 años que culminan con Jesucristo, la muerte del ungido y la destrucción del templo.
LugarLibro de Daniel (Biblia)
Personas relacionadasDaniel (según la tradición)
TemaJuicio divino, fin del poder terrenal, esperanza escatológica en Cristo, perseverancia de los santos.
TipoFigura bíblica, Profecía apocalíptica

Tabla de contenido

Contexto del libro de Daniel

El libro de Daniel pertenece a la literatura bíblica de carácter apocalíptico. Este género utiliza visiones, animales simbólicos, números y escenas celestiales para revelar el sentido profundo de la historia. La finalidad de Daniel no consiste en satisfacer una curiosidad cronológica, sino en fortalecer la fidelidad de un pueblo sometido a la persecución y proclamar que el mal carece de la última palabra. El libro anuncia la llegada del Reino de Dios y la recompensa final de quienes permanecen fieles.1

Daniel aparece como un judío deportado a Babilonia, presentado tradicionalmente como hombre de sabiduría, oración y fidelidad a la Ley de Dios. La tradición católica antigua vinculó su figura con la persecución de los justos y con la esperanza de la liberación divina. La propia interpretación cristiana ha leído en Daniel una preparación providencial para la revelación de Cristo, especialmente en la figura del Hijo del hombre.2

La datación y la composición del libro han suscitado debates entre los estudiosos. La interpretación católica tradicional mantuvo la autoría de Daniel, aunque la erudición católica también ha reconocido que determinados argumentos históricos y literarios han llevado a proponer una redacción relacionada con la persecución de Antíoco IV Epífanes y la crisis macabea. La Iglesia no ha definido dogmáticamente una solución detallada para todas las cuestiones relativas a la composición literaria del libro.3

La visión de las cuatro bestias

Relato de la visión

Daniel contempla durante la noche los cuatro vientos del cielo agitando el gran mar. Del mar surgen cuatro bestias diferentes entre sí. La escena posee un fuerte valor simbólico: el mar representa el ámbito turbulento de las fuerzas históricas y políticas, mientras que las bestias personifican reinos que ejercen el poder con violencia y arrogancia.

La primera bestia posee aspecto de león con alas de águila. Sus alas son arrancadas; después recibe forma humana y un corazón humano. La segunda se parece a un oso, levantado sobre un costado, con tres colmillos o costillas entre los dientes y la orden de devorar mucha carne. La tercera tiene aspecto de leopardo, cuatro alas y cuatro cabezas. La cuarta resulta aterradora, extraordinariamente fuerte, con dientes de hierro y diez cuernos. Entre estos cuernos aparece un cuerno pequeño, que derriba a tres de los anteriores, posee ojos humanos y pronuncia palabras arrogantes.4

La visión cambia entonces de escenario. Daniel contempla el trono del Anciano, vestido de blanco y rodeado de fuego. Una corte celestial abre los libros y pronuncia juicio contra la bestia arrogante. A continuación aparece «uno semejante a un hijo de hombre» que viene sobre las nubes del cielo. El Anciano le concede dominio, gloria y realeza sobre todos los pueblos, naciones y lenguas. Su dominio es eterno y su reino no será destruido.4

Interpretación ofrecida en el propio libro

El mismo capítulo proporciona una clave esencial para la interpretación: las cuatro bestias representan cuatro reyes o reinos que surgirán de la tierra. Frente a ellos, los santos del Altísimo recibirán el Reino y lo poseerán para siempre.4

El relato no presenta a los imperios como realidades meramente administrativas. Las bestias expresan una forma de poder político que abandona la razón, la justicia y el servicio al bien común. El dominio humano, cuando pretende ocupar el lugar de Dios, adquiere rasgos bestiales: devora, destruye, oprime y blasfema. El contraste con el Hijo del hombre resulta deliberado. Los reinos terrestres aparecen como animales violentos; el soberano escatológico recibe una figura humana y ejerce un poder universal conforme al designio de Dios.

Identificación tradicional de los cuatro reinos

La tradición cristiana vinculó las cuatro bestias con una sucesión de grandes imperios. Cirilo de Jerusalén transmitió la interpretación eclesial antigua que identificaba el primer reino con los asirios, el segundo con los medos y persas, el tercero con los macedonios y el cuarto con los romanos.5

Esta lectura corresponde a una interpretación histórica de la sucesión de poderes que dominaron el mundo bíblico:

  • La primera bestia, semejante a un león alado, suele relacionarse con Babilonia.
  • La segunda bestia, parecida a un oso, suele vincularse con el imperio medo-persa.
  • La tercera bestia, semejante a un leopardo con cuatro cabezas y cuatro alas, suele asociarse con el imperio griego y su posterior división.
  • La cuarta bestia, más terrible que las anteriores, suele identificarse con Roma en la tradición cristiana antigua.

Aphraates interpretó expresamente el gran mar como una imagen del mundo y las cuatro bestias como cuatro reinos.6

La identificación de los reinos no debe convertirse en una clave rígida para atribuir cada detalle a una figura política contemporánea. El simbolismo de Daniel posee una amplitud teológica mayor: muestra la fragilidad de los imperios, el carácter pasajero de la dominación humana y la soberanía definitiva de Dios.

El cuarto reino y el cuerno pequeño

La cuarta bestia concentra la violencia de los poderes terrenos. Sus dientes de hierro evocan una fuerza destructora y sus diez cuernos representan, dentro de la visión, una pluralidad de reyes. El cuerno pequeño surge posteriormente, elimina a tres cuernos y habla con arrogancia contra el Altísimo. La explicación del capítulo lo presenta como un poder que persigue a los santos y pretende alterar los tiempos y la Ley. La sentencia divina limita su dominio y entrega el Reino a los santos.

La tradición cristiana relacionó este cuerno con el perseguidor final y con la figura del Anticristo. Cirilo de Jerusalén lo interpretó como un rey posterior a los diez, extraordinariamente impío, que usurpa el poder, subyuga a tres reyes y pronuncia palabras contra el Altísimo.5

Esta interpretación posee una dimensión histórica y otra escatológica. En el plano histórico, el símbolo puede reflejar la persecución de los fieles por gobernantes concretos. En el plano escatológico, anticipa la oposición última contra Dios y contra su pueblo. La Iglesia no autoriza a identificar sin fundamento al Anticristo con un personaje político determinado. La visión llama a la perseverancia, no a la especulación sensacionalista.

El Anciano y el juicio divino

La escena del tribunal celestial constituye el centro teológico de la visión. Los imperios parecen invencibles desde la perspectiva de la historia humana, pero permanecen sometidos al juicio de Dios. El Anciano representa la santidad, eternidad y autoridad absoluta de Dios. El fuego que brota de su presencia expresa la fuerza purificadora y judicial de su acción.

La apertura de los libros manifiesta que Dios conoce las obras de los reinos y juzga sus abusos. El poder de la bestia no termina mediante una victoria militar de otro imperio, sino por la sentencia del tribunal celestial. El relato desplaza así la esperanza desde la fuerza de las armas hacia la justicia soberana de Dios.

El juicio contra la cuarta bestia y la retirada del dominio de las otras tres muestran que ningún reino terrestre posee eternidad por sí mismo. Algunos poderes pueden prolongar su existencia durante un tiempo, pero todos pierden finalmente su pretensión de absoluto.4

El Hijo del hombre

Significado en Daniel

La figura «semejante a un hijo de hombre» aparece en contraste con las bestias. Llega con las nubes del cielo, entra ante el Anciano y recibe el dominio universal. El texto no lo presenta como un conquistador brutal, sino como una figura humana a quien Dios confía un reino de alcance cósmico.

Su autoridad abarca todos los pueblos, naciones y lenguas. Su reinado no desaparece con la muerte del soberano ni queda sustituido por otro imperio. El reino del Hijo del hombre posee carácter eterno.4

La expresión tiene una complejidad interpretativa. Puede expresar una figura individual de carácter mesiánico y, al mismo tiempo, representar corporativamente al pueblo de los santos que recibe el Reino. El propio capítulo vincula la realeza con los santos del Altísimo, de modo que la figura individual y la comunidad participan en una misma promesa: Dios concede el Reino al Mesías y, mediante él, a su pueblo fiel.

Cumplimiento en Jesucristo

El Nuevo Testamento aplica a Jesús el título de Hijo del hombre. Cristo utiliza esta expresión para hablar de su autoridad, de su pasión, de su resurrección y de su venida gloriosa. La tradición catequética católica reconoce en Daniel 7 el fundamento profético de este título y relaciona el dominio eterno del Hijo del hombre con la realeza universal de Jesucristo.7

Jesús cumple la visión de una manera paradójica. No recibe el Reino mediante la violencia de las bestias, sino mediante la obediencia al Padre, la entrega de su vida y la victoria pascual. La cruz revela que el poder mesiánico no consiste en dominar a los demás, sino en vencer el pecado y la muerte mediante el amor obediente.

La resurrección inaugura el Reino que Daniel contempló en visión, aunque su manifestación plena todavía aguarda la consumación final. La Iglesia vive en este tiempo intermedio: proclama que Cristo reina ya y espera que su Reino se manifieste definitivamente cuando vuelva con gloria.

La profecía de las setenta semanas

El contexto de Daniel 9

La visión de las setenta semanas aparece en la oración penitencial de Daniel. El profeta medita sobre los años de desolación de Jerusalén y suplica a Dios misericordia para su pueblo y su ciudad santa. La respuesta del ángel Gabriel transforma el horizonte de los setenta años de Jeremías en un período simbólico más amplio: setenta semanas.

El término hebreo utilizado puede traducirse literalmente como «sietes» o grupos de siete. La interpretación tradicional entiende las semanas como semanas de años. Por tanto, setenta semanas equivalen a 490 años. El pasaje distribuye ese período en siete semanas, sesenta y dos semanas y una semana final.3

El contenido de las setenta semanas

Daniel 9,24 presenta varios objetivos de este período:

  • Poner fin a la transgresión.
  • Acabar con los pecados.
  • Expiar la culpa.
  • Introducir una justicia eterna.
  • Confirmar la visión y la profecía.
  • Ungir el Santo de los santos.

El conjunto de expresiones apunta a una intervención decisiva de Dios en favor de su pueblo. La profecía no describe solamente una reconstrucción arquitectónica de Jerusalén, sino una restauración espiritual que alcanza el pecado, la reconciliación y la justicia.

El texto sitúa el comienzo del cómputo en la promulgación de una orden relativa a la restauración de Jerusalén. Después de siete semanas y sesenta y dos semanas aparece un «ungido» que será eliminado. Más tarde, un príncipe destruye la ciudad y el santuario; durante la última semana, un poder establece una alianza con muchos y, a mitad de la semana, hace cesar el sacrificio y la ofrenda, introduciendo la abominación desoladora.3

El sentido de «semana»

La palabra «semana» no designa aquí necesariamente un período de siete días. El paralelismo con la profecía de Jeremías y la estructura del pasaje favorecen la comprensión de sietes de años. La cifra de 490 años posee valor teológico además de cronológico: evoca una plenitud histórica determinada por Dios.

La división en 7 + 62 + 1 semanas permite contemplar varias etapas:

  1. Las siete semanas, vinculadas con la restauración de Jerusalén.
  2. Las sesenta y dos semanas, asociadas con la espera prolongada y la llegada del ungido.
  3. La semana final, marcada por la crisis del culto, la persecución y la desolación.

Los intérpretes han discutido tanto el punto de partida como el modo de calcular los años. Algunos han comenzado con el decreto persa relacionado con la reconstrucción de Jerusalén; otros han elegido acontecimientos distintos de la época persa. La diversidad de cálculos explica por qué las interpretaciones cronológicas no coinciden, aunque muchas reconocen en el pasaje una orientación mesiánica.3

Interpretación mesiánica de las setenta semanas

La tradición cristiana antigua interpretó las setenta semanas en relación con Jesucristo. Julio Africano afirmó que el pasaje anuncia la venida de Cristo y relacionó sus efectos con la remisión de los pecados, la expiación de la culpa y la llegada de una justicia eterna. También calculó el período como 490 años y situó su comienzo en la orden dada durante el reinado de Artajerjes para reconstruir Jerusalén.8

Clemente de Alejandría leyó la profecía como una anticipación de la obra de Cristo, a quien relacionó con el Santo de los santos y con el cumplimiento de la visión. En su interpretación, la profecía abarca la restauración de Jerusalén, la venida del Mesías, la cesación de los sacrificios y la posterior destrucción de la ciudad y del santuario.9

La interpretación católica reconoce en Daniel 9 una orientación hacia la Nueva Alianza. El lenguaje de la expiación y de la justicia eterna encuentra su cumplimiento pleno en la pasión, muerte y resurrección de Cristo. La desaparición del antiguo orden sacrificial no significa que Dios rechace a Israel, sino que los sacrificios antiguos alcanzan su plenitud y cumplimiento en el sacrificio único de Cristo.

«El ungido será eliminado»

La expresión relativa al ungido que será eliminado ha recibido una interpretación cristológica. El Mesías aparece unido al sufrimiento y a la muerte, no únicamente a la entronización gloriosa. Daniel anticipa así una característica fundamental de la misión de Jesús: Cristo entra en su gloria a través de la pasión.

La profecía también vincula la muerte del ungido con la destrucción posterior de la ciudad y del santuario. El pasaje permite contemplar una secuencia teológica: la llegada y el rechazo del Mesías, la ruptura del antiguo orden y el juicio histórico sobre Jerusalén. Esta lectura cristiana aparece desarrollada en comentaristas antiguos que relacionaron Daniel 9 con la pasión de Cristo y con la destrucción de Jerusalén.10

La abominación desoladora

Significado en Daniel

La abominación desoladora designa una profanación idolátrica que invade el espacio sagrado y provoca la interrupción del culto. Daniel la presenta como una realidad vinculada a la desolación del templo y a la crisis final de un período de persecución. La expresión combina dos ideas: la abominación, entendida como una presencia o acto contrario al culto verdadero, y la desolación, entendida como la ruina que deriva de esa profanación.

El pasaje de Daniel 9,27 habla de la supresión del sacrificio y de la ofrenda, seguida por la instalación de la abominación hasta la consumación decretada. El lenguaje posee una referencia histórica concreta y, al mismo tiempo, una proyección profética hacia las crisis últimas.

La profanación en época de Antíoco IV

Una interpretación histórica ampliamente relacionada con Daniel identifica el trasfondo inmediato de la abominación con la persecución de Antíoco IV Epífanes en el siglo II antes de Cristo. Este monarca intentó imponer prácticas religiosas helenísticas y profanó el templo de Jerusalén. La persecución provocó la resistencia de los Macabeos y la defensa del culto al Dios de Israel.

Los relatos de Daniel sobre el horno de fuego y el foso de los leones expresan, dentro de la forma narrativa del libro, una teología especialmente adecuada para comunidades que sufrían la imposición de cultos extranjeros y la amenaza de muerte por permanecer fieles.3

Esta referencia histórica no agota el significado de la profecía. La apocalíptica bíblica utiliza acontecimientos concretos como figura de una lucha más amplia entre la fidelidad a Dios y la idolatría del poder.

La abominación desoladora en el Nuevo Testamento

Jesucristo y el discurso del monte de los Olivos

Jesús retoma explícitamente la expresión de Daniel en el discurso escatológico: «Cuando veáis la abominación de la desolación, anunciada por el profeta Daniel, erigida en el lugar santo -el que lea, que entienda-». Después ordena a quienes estén en Judea huir a los montes y describe una gran tribulación.

El Evangelio presenta, por tanto, una doble perspectiva. Las palabras de Jesús aluden a la próxima destrucción de Jerusalén y del templo, pero también utilizan ese acontecimiento como figura de la prueba final y de la consumación de la historia. La destrucción del templo en el año 70, realizada por las tropas romanas, constituye el horizonte histórico inmediato del discurso.

Lucas ofrece una formulación paralela: cuando Jerusalén aparezca rodeada de ejércitos, sus discípulos deberán reconocer que su desolación está cerca. Esta versión lucana relaciona directamente la abominación con el asedio militar de la ciudad.11

Interpretaciones cristianas antiguas

Los Padres de la Iglesia propusieron varias aplicaciones históricas de la expresión. Algunos la relacionaron con la presencia de símbolos imperiales o estatuas paganas en el ámbito del templo; otros la vincularon con el ejército romano que llevó la destrucción a Jerusalén. La tradición recogida por comentaristas antiguos también aludió a la estatua levantada en Jerusalén después de la revuelta de Bar Kojba y a la profanación del lugar santo.11

Juan Crisóstomo entendió la abominación en relación con la estatua del emperador o del conquistador que habría sido colocada en el templo, y subrayó que las palabras de Jesús anunciaban acontecimientos que algunos de sus contemporáneos llegarían a presenciar.12

Tomás de Aquino expuso varias posibilidades: el ejército romano como fuerza devastadora, un ídolo introducido en el templo o una estatua vinculada a la posterior ruina de Jerusalén. Su comentario conserva la dimensión histórica del pasaje y, a la vez, relaciona la profecía con la consumación final.10

Proyección hacia el fin de los tiempos

El Nuevo Testamento no reduce la abominación desoladora al año 70. El discurso de Jesús enlaza la destrucción de Jerusalén con la venida del Hijo del hombre y con la consumación de los tiempos. El acontecimiento histórico funciona como figura anticipadora de una oposición escatológica más profunda.

La interpretación católica puede distinguir tres niveles relacionados:

  • El trasfondo veterotestamentario, especialmente la profanación del templo y la persecución de los fieles.
  • El cumplimiento histórico próximo, visible en la destrucción de Jerusalén y del templo.
  • La dimensión escatológica, que apunta a la persecución final, al triunfo de Cristo y al juicio definitivo.

La tradición cristiana vinculó la última persecución con el Anticristo y con la pretensión de ocupar el lugar de Dios. La visión de Daniel enseña, sin embargo, que este poder será juzgado y destruido. La tribulación no posee carácter definitivo: Dios acorta los días por amor a los elegidos y conserva a su pueblo.11

Relación entre las cuatro bestias y las setenta semanas

Las dos visiones forman una unidad teológica. Daniel 7 presenta la sucesión de los reinos y el juicio sobre el poder bestial; Daniel 9 interpreta la crisis de Jerusalén dentro de un período determinado que conduce al Mesías y a la consumación.

Ambos capítulos enseñan que:

  • La historia no avanza al azar.
  • Los imperios poseen un poder limitado.
  • La persecución puede alcanzar incluso el culto y el templo.
  • Dios fija un término a la violencia.
  • El Mesías aparece unido al sufrimiento.
  • El Reino definitivo pertenece a Dios y a sus santos.

Las cuatro bestias expresan la dimensión política y universal de la lucha. Las setenta semanas concentran la atención en Jerusalén, el templo, el pecado, la expiación y el ungido. Una visión contempla el dominio de los reinos; la otra, la llegada del Mesías y la crisis del santuario. Ambas convergen en la afirmación de que Dios conduce la historia hacia el juicio y la redención.

Sentido literal-histórico y sentido espiritual-profético

La exégesis católica evita dos reducciones opuestas. La primera convierte las visiones en una simple cronología política y pierde su alcance teológico. La segunda transforma cada símbolo en una clave arbitraria para identificar acontecimientos actuales, sin respetar el contexto bíblico.

El sentido literal-histórico considera el contexto de Israel, la dominación de los imperios, la persecución religiosa, la profanación del templo, la restauración de Jerusalén y la destrucción de la ciudad. Este nivel protege la interpretación frente a fantasías desvinculadas de la historia.

El sentido espiritual-profético contempla cómo esos acontecimientos anuncian realidades cumplidas en Cristo y todavía abiertas a la consumación final. El Hijo del hombre recibe el Reino eterno; la muerte del ungido anticipa la pasión; la supresión de los sacrificios encuentra su plenitud en el sacrificio de Cristo; la abominación histórica prefigura la oposición escatológica contra Dios.

La profecía bíblica puede poseer varios cumplimientos relacionados entre sí. Un acontecimiento histórico puede cumplir realmente la palabra profética y, al mismo tiempo, convertirse en figura de una realidad futura. Este principio permite leer la destrucción de Jerusalén como un juicio histórico y como una anticipación del juicio definitivo.

Importancia cristológica

Daniel ocupa un lugar singular en la comprensión cristiana de Jesucristo. El título Hijo del hombre, la recepción de un dominio universal, la venida sobre las nubes y la relación entre sufrimiento y gloria proporcionan un marco fundamental para interpretar la misión de Jesús.

La realeza de Cristo supera los modelos de las bestias. Los imperios dominan por la fuerza; Cristo reina desde la cruz. Los reinos históricos buscan perpetuarse mediante la violencia; el Reino de Cristo permanece porque procede de Dios. Los poderes humanos dividen y destruyen; Cristo reúne a todos los pueblos en una única soberanía de verdad y salvación.

Los Padres de la Iglesia también establecieron paralelos entre Daniel y Cristo en otros episodios del libro. Aphraates comparó la liberación de Daniel del foso de los leones con la resurrección de Jesús: Daniel salió ileso de la fosa y Cristo venció la muerte. También relacionó la visión de las semanas con la obra redentora de Jesucristo.13,13

Esperanza cristiana y perseverancia

El mensaje de Daniel nació en un contexto de opresión, pero no alimenta una espiritualidad de miedo. Las visiones llaman a discernir la idolatría, resistir la injusticia y mantener la fidelidad incluso cuando los poderes del mundo parecen triunfar.

La corte celestial recuerda que Dios conoce la historia y juzga el mal. El Hijo del hombre asegura que la humanidad no está destinada a quedar sometida eternamente a estructuras de violencia. La promesa del Reino sostiene a los perseguidos y orienta a la Iglesia hacia la esperanza de la resurrección.

La lectura católica de Daniel, por tanto, no permite utilizar sus cifras para establecer calendarios infalibles del fin del mundo. Las setenta semanas proclaman la plenitud del designio divino, pero no autorizan cálculos destinados a fijar una fecha para la segunda venida de Cristo. La atención cristiana debe dirigirse a la conversión, la vigilancia, la fidelidad y la caridad.

Síntesis doctrinal

Las visiones de las cuatro bestias y de las setenta semanas enseñan que la historia humana permanece bajo la soberanía de Dios. Los imperios pueden alcanzar una fuerza extraordinaria, perseguir a los santos y profanar lo sagrado, pero su dominio tiene un límite. El juicio divino pone fin a la arrogancia de la bestia.

El Hijo del hombre recibe un Reino eterno que la fe cristiana reconoce cumplido en Jesucristo. Las setenta semanas orientan hacia la llegada del Mesías, su muerte redentora, la crisis del antiguo templo y la consumación de la historia. La abominación desoladora, retomada por Jesús, posee una referencia histórica en la destrucción de Jerusalén y una proyección hacia la persecución final antes de la victoria definitiva de Cristo.

La profecía de Daniel conserva así una doble fuerza: interpreta el sufrimiento concreto de los fieles y anuncia la esperanza universal del Reino de Dios. Su mensaje central permanece: el poder de las bestias es pasajero, el juicio de Dios es definitivo y el Reino del Hijo del hombre no tendrá fin.

Citas y referencias

  1. Parte tres - Lectura del Antiguo Testamento tus palabras se convirtieron en una alegría y el deleite de mi corazón. (Jeremías 15:16), Conferencias Episcopales Católicas de Inglaterra y Gales, y de Escocia. El Don de la Escritura, 40 (2005).
  2. Daniel. Enciclopedia Católica, Daniel (191
  3. Libro de Daniel. Enciclopedia Católica, Libro de Daniel (1913). 2 3 4 5
  4. La Nueva Versión Revisada Estándar, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, Daniel 7 (1993). 2 3 4 5
  5. Lección catequética: Sobre la cláusula, y vendrá en gloria a juzgar a los vivos y a los muertos; de cuyo reino no habrá fin, Cirilo de Jerusalén. Lecciones Catequéticas - Lección 15, 13 (350). 2
  6. Aphrahat/Aphraates. Demostración 5 (De Guerras), 15 (337).
  7. Parte uno - La fe de la Iglesia - III. Creemos en Dios el Padre, creador del cielo y de la tierra, y en nuestro salvador Jesucristo, y en el Espíritu Santo, el Señor, dador de vida - A. El creador y su creación - 3. La humanidad - la corona de la creación - 3) la promesa de un nuevo pacto, Sínodo de la Iglesia Católica Greco-Ucraniana. Catecismo de la Iglesia Católica Ucraniana: Cristo - Nuestro Pascha, 173 (2016).
  8. Fragmento 16. Sobre las setenta semanas de Daniel, Julio Africano. Obras Extantes (Julio Africano), Fragmento 16.1.
  9. Capítulo 21. Las instituciones y leyes judías de gran antigüedad respecto a la filosofía de los griegos, Clemente de Alejandría. Los Stromata, 1.21.
  10. Capítulo 24, Tomás de Aquino. Comentario a Mateo, 24:15 (1272). 2
  11. Capítulo 24, Tomás de Aquino. Catena Aurea sobre Mateo, 24.5 (1272). 2 3
  12. Mateo 24:1-2, Juan Crisóstomo. Homilía 75 sobre Mateo, 2.
  13. Aphrahat/Aphraates. Demostración 21 (De Persecución), 18 (344). 2
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