Visitar a los enfermos
La visita a los enfermos constituye una de las principales obras de misericordia corporal en la tradición católica, mediante la cual los fieles imitan a Cristo al llevar consuelo, compañía y apoyo a quienes padecen dolencias físicas o espirituales. Esta práctica, arraigada en el Evangelio y exhortada por el Magisterio de la Iglesia, no solo alivia el sufrimiento ajeno, sino que une al visitante con el misterio pascual de Jesús, fomentando la caridad fraterna y la esperanza en la resurrección. El artículo explora su fundamento doctrinal, base bíblica, enseñanzas papales, patronos celestiales y formas concretas de ponerla en práctica en la vida cotidiana y eclesial.1,2
Tabla de contenido
Definición y lugar en la doctrina católica
La visita a los enfermos se enmarca dentro de las obras de misericordia, acciones caritativas que responden a las necesidades espirituales y corporales del prójimo. Según el Catecismo de la Iglesia Católica, estas obras incluyen, entre las corporales, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos y a los encarcelados, y enterrar a los muertos. Esta enumeración subraya que la caridad no es abstracta, sino concreta y exigente, reflejando el amor de Dios hacia la humanidad.1
En concreto, visitar a los enfermos implica acercarse a quienes sufren limitaciones por enfermedad, ofreciendo no solo ayuda material, sino también presencia afectiva y oración. El Papa Francisco ha enfatizado que esta obra es un acto de humanidad profunda, un «compartir» que mitiga la soledad inherente a la dolencia, especialmente en la sociedad contemporánea donde el aislamiento se acentúa.3 Así, se convierte en un testimonio vivo de la misericordia divina, alineado con la justicia y la fraternidad evangélica.
Obra de misericordia corporal
Las obras corporales abordan las necesidades materiales del cuerpo, pero trascienden lo físico al evocar la imagen de Cristo en el enfermo. El Concilio Vaticano II y el Magisterio posterior insisten en que estas acciones son juicio definitivo para la salvación, como se detalla en el Evangelio de Mateo.2 No requieren grandes recursos, sino gestos simples: una sonrisa, un apretón de manos o una escucha atenta, que actúan como «medicina» para el alma afligida.3
Fundamento bíblico
El origen de esta práctica se halla en las Escrituras Sagradas, donde Jesús se presenta como el Buen Samaritano que cura y consuela a los dolientes. En el pasaje del Juicio Final (Mt 25,31-46), Cristo identifica su persona con los enfermos: «Estuve enfermo y me visitasteis». Esta identificación radical —«lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis»— eleva la visita a los enfermos a un acto de culto divino.1,2
Durante su ministerio público, Jesús multiplicó encuentros con enfermos: paralíticos, ciegos, leprosos y posesos, curándolos con su presencia y poder. Los Apóstoles continuaron esta misión, y la Iglesia primitiva la institucionalizó mediante la oración comunitaria por los afligidos (St 5,14-15). Los Salmos y Sirácida también invitan a pedir sanación con fe, reconociendo que Dios es «médico de almas y cuerpos».4
Enseñanzas del Magisterio de la Iglesia
Los pontífices han exaltado esta obra como expresión privilegiada de la caridad cristiana. Pío XII la vio como las «flores más hermosas» de la misión evangelizadora, comparándola con la acción de Jesús que «andaba haciendo el bien y curando a todos los oprimidos».5 Juan XXIII animó a unir el sufrimiento propio al de Cristo, transformando la enfermedad en vocación redentora.6
Juan Pablo II, en su visita a enfermos australianos, recordó que el dolor, ofrecido en unión con la Cruz, complementa las faltas de la Iglesia (Col 1,24), generando paz y esperanza.7 Francisco, en sus audiencias sobre misericordia, describe los hospitales como «catedrales del sufrimiento», donde la caridad compasiva manifiesta el poder de Dios. En la Bula Spes non confundit para el Jubileo 2025, urge señales de esperanza a los enfermos mediante visitas que alivian su dolor y honran la dignidad humana.8
La Congregación para la Doctrina de la Fe aclara que pedir la curación es lícito y humano, siempre en conformidad con la voluntad divina, como en la liturgia de la Unción de los Enfermos.4
Sacramentales y oraciones asociadas
La Iglesia enriquece esta obra con sacramentales y plegarias. La Unción de los Enfermos (St 5,14-15) invita a llamar a los presbíteros para oración y óleo, fortaleciendo al enfermo en cuerpo y alma.9 El Misal Romano ofrece Misasi pro infirmis con colectas que imploran restauración de la salud y unión con el sufrimiento de Cristo.10
Entre las oraciones litúrgicas destaca la bendición del óleo: «Haz que este óleo sea remedio para todos los ungidos; sánenlos en cuerpo, alma y espíritu». La tradición patrística, desde San Agustín, avala pedir bienes temporales como la salud, con humildad filial.4 El Padrenuestro fomenta un corazón humilde y confiado, invocando a Dios como Padre común.11,12
Santos y patronos de los enfermos y visitantes
La santidad ilumina esta práctica. Cosmas y Damian, hermanos médicos mártires, son patronos de cirujanos por su servicio gratuito a los pobres. Lucas Evangelista, médico, inspira con su énfasis en la compasión. Rocas (Roch), curador de apestados, protege a cirujanos, sepultureros y hasta vendedores de segunda mano por su humildad caritativa.13,14,15
Pedro de San José de Betancur fundó hospitales en Guatemala, dedicándose a los enfermos con los Bethelimitas, simbolizando el servicio abnegado.16 Otros como Foillan, monje irlandés, y Quentin, misionero galo, destacan por milagros curativos. Estos santos motivan a los fieles a ver en el enfermo la imagen de Cristo.
Práctica concreta en la vida cristiana
Para visitar a los enfermos hoy, la Iglesia propone caminos accesibles:
Visitas domiciliarias: Acompañar a ancianos solos o crónicamente enfermos, llevando la Comunión si se es ministro extraordinario.
Hospitales y residencias: Voluntariado en «catedrales del dolor», ofreciendo escucha y oración.3
Parroquias: Grupos de oración por enfermos, como en la tradición oriental.17
Apostolado familiar: Cuidar a parientes, uniendo dolores al misterio pascual.6
Francisco insiste: no dejemos solos a los enfermos, ya que su gratitud genera esperanza colectiva.8 En contextos de pandemia o fragilidad, esta obra evoca la misión misionera de Pío XII.5
| Aspecto | Ejemplos prácticos | Beneficio espiritual |
|---|---|---|
| Presencia afectiva | Sonrisa, caricia, diálogo | Reduce soledad, imita a Cristo3 |
| Ayuda material | Comida, medicinas | Cumple Mt 25, alivia necesidades1 |
| Oración compartida | Padrenuestro, Unción | Fortalece fe, pide sanación4 |
| Escucha activa | Compartir sufrimientos | Une al Redentor sufriente7 |
Beneficios espirituales y escatológicos
Visitar enfermos no solo beneficia al receptor, sino al visitante: enriquece con misericordia divina, juzgándose por estas obras en el Juicio Final.2 Fomenta humildad filial ante Dios Padre (CCC 2785-2801), transformando el dolor en ofrenda redentora.7,18 En última instancia, prefigura la resurrección, donde «no habrá más muerte ni llanto» (Ap 21,4).4
Conclusión
La visita a los enfermos resume la esencia del cristianismo: caridad activa que encarna el Evangelio en el mundo herido. Animados por Cristo, el Magisterio y los santos, los católicos están llamados a esta obra esencial, fuente de gracia para la Iglesia y la sociedad. Que María, Salud de los Enfermos, interceda por quienes la practican con generosidad.
Citas
Sección II los diez mandamientos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2447 (1992). ↩ ↩2 ↩3 ↩4
B32. Obras de misericordia corporales y espirituales, Papa Francisco. Audiencia General del 12 de octubre de 2016: 32. Obras de misericordia corporales y espirituales (2016). ↩ ↩2 ↩3 ↩4
B35. Visitar a los enfermos y a los encarcelados, Papa Francisco. Audiencia General del 9 de noviembre de 2016: 35. Visitar a los enfermos y a los encarcelados (2016). ↩ ↩2 ↩3 ↩4
I. Aspectos doctrinales - 2. El deseo de curación y la oración para obtenerla, Congregación para la Doctrina de la Fe. Instrucción sobre oraciones de curación, § 2000 (2000). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5
Sobre la promoción de misiones católicas, Papa Pío XII. Evangelii Praecones, § 45 (1951). ↩ ↩2
Sobre la verdad, la unidad y la paz, en un espíritu de caridad - IV - Los enfermos y sufrientes, Papa Juan XXIII. Ad Petri Cathedram, § 125 (1959). ↩ ↩2
Papa Juan Pablo II. A los enfermos del Hospital Maternidad de la Misericordia en Melbourne (28 de noviembre de 1986) - Discurso, § 4 (1986). ↩ ↩2 ↩3
Señales de esperanza, Papa Francisco. Spes non confundit - Bula de Indicción del Jubileo Ordinario del Año 2025 (9 de mayo de 2024), § 11 (2024). ↩ ↩2
Sección II los siete sacramentos de la Iglesia, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1526 (1992). ↩
Misas y oraciones para diversas necesidades y ocasiones - III. Para diversas ocasiones - 45. Por los enfermos - Colecta, Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos. El Misal Romano (Traducción al español según la Tercera Edición Típica), §Misas y oraciones para diversas necesidades y ocasiones (2011). ↩
Catecismo de la Iglesia Católica, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2800 (1992). ↩
Sección II la oración del Padre Nuestro, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2785 (1992). ↩
Cirujanos - Cosmas, Damián, Foillán, Lucas el Evangelista, Quentín, Roco, Magisterio IA. Santos patronos en la Iglesia Católica, §Cirujanos. ↩
Sepultureros - Antonio el abad, Roco, Magisterio IA. Santos patronos en la Iglesia Católica, §Sepultureros. ↩
Comerciantes de segunda mano - Roco, Magisterio IA. Santos patronos en la Iglesia Católica, §Comerciantes de segunda mano. ↩
Servidores de los enfermos - San Pedro de San José de Betancur, Magisterio IA. Santos patronos en la Iglesia Católica, §Servidores de los enfermos. ↩
Sección II la oración del Padre Nuestro, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2787 (1992). ↩
