El Catecismo de la Iglesia Católica
El Catecismo de la Iglesia Católica integra la visita a los presos en el marco de las obras de misericordia, recordando que los no combatientes, heridos y prisioneros deben ser tratados con humanidad. Aunque no dedica un parágrafo exclusivo, vincula esta práctica con el respeto a la dignidad humana inherente, que precede a cualquier sociedad o autoridad. La Iglesia condena acciones contrarias al derecho internacional, como el genocidio, y obliga moralmente a resistir órdenes que lo promuevan, extendiendo esta lógica a la protección de los derechos de los presos.
En relación con la pena capital, el Catecismo enseña que, en la actualidad, los medios estatales permiten defender la sociedad sin recurrir a la supresión definitiva de la vida del delincuente, favoreciendo así su posibilidad de redención.
Intervenciones papales
Los Romanos Pontífices han dedicado numerosas audiencias y mensajes a esta obra de misericordia, destacando su urgencia en contextos contemporáneos.
Papa Francisco ha insistido en la necesidad de una «revolución de la ternura» que evite confundir redención con castigo. En su catequesis sobre San José, recordó a los presos como hermanos que merecen una «ventana de esperanza» en toda sentencia, orando por su cercanía a Dios y su reinicio vital. En otra audiencia, exhortó a no juzgar a los encarcelados, sino a asumir responsabilidad para restaurar su dignidad, criticando el «justicialismo» que ignora su humanidad. Francisco subraya que Jesús no olvida a los presos y que visitarles es compartir libertad interior pese a las limitaciones externas.
Papa Benedicto XVI, en sus últimas audiencias, evocó implícitamente esta misericordia al hablar de la soledad y el servicio en la Iglesia, aunque su énfasis fue más en la oración por los sufrientes.,
San Juan Pablo II fue especialmente elocuente. Durante el Jubileo del año 2000, visitó la prisión Regina Coeli en Roma, afirmando que Cristo se hizo preso para que su Espíritu tocara los corazones encarcelados. Insistió en que el castigo debe servir a la rehabilitación, no a la venganza, y pidió gestos de clemencia como reducción de penas para fomentar el arrepentimiento., En mensajes a obispos irlandeses y presos brasileños, urgió a los pastores a cuidar espiritualmente a los reclusos, especialmente jóvenes, convirtiendo la detención en escuela de conversión.,
Estos magisterios coinciden en que la Iglesia es para todos, «incluso preferentemente para los malos», como hospital de misericordia.