La palabra zelote procede del ámbito semítico relacionado con la raíz hebrea qanā’, que expresa celo, ardor o dedicación apasionada. El término podía aplicarse a quien manifestaba una entrega intensa a Dios y a la Ley, sin implicar necesariamente su pertenencia a una organización política revolucionaria. Mateo y Marcos llaman a Simón «el Cananeo» o «el Cananita», mientras que Lucas lo denomina «el Zelote»; ambas expresiones poseen un significado equivalente en este contexto.1,2
El celo religioso pertenece, en sentido cristiano, al dinamismo del amor. Santo Tomás de Aquino lo describe como el movimiento vehemente de quien ama y procura alcanzar o proteger el bien amado. Por ello, el celo puede orientarse hacia la gloria de Dios y el servicio del prójimo, pero también puede deformarse cuando un juicio equivocado conduce a la violencia o a la persecución.3
Celo religioso y militancia política
Durante el siglo I, la palabra «zelote» podía referirse a una disposición espiritual: la defensa apasionada del culto al Dios de Israel, de la Ley mosaica y de la identidad del pueblo elegido. En otros contextos, designaba a grupos nacionalistas que rechazaban la autoridad romana y pretendían acelerar, mediante la insurrección, la liberación de Israel.
La diferencia resulta esencial. La presencia de personas celosas de la Ley no demuestra por sí misma la existencia de un partido revolucionario organizado. La evolución política del término estuvo ligada al aumento de la opresión romana, a los conflictos internos de Judea y a la rebelión iniciada en el año 66.


